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Mahoma VS. Jesucristo

Por José Luís Torres A.

La declaración de que el Islam es la religión prescrita por Dios para estos últimos tiempos y que Mahoma es su profeta exige que se haga una comparación entre el fundador de dicha religión, y quien se considera el fundador de la religión cristiana, Jesucristo.

Además del Corán, los musulmanes tienen otros escritos que son tenidos en la misma estima y con la misma autoridad que el Corán, los Jadíts. Los jadíts son el compendio de tradiciones de la vida de Mahoma y la religión que él fundó. Es una prescripción detallada de lo que un buen musulmán debe hacer si aspira a ir al cielo musulmán, donde fluye un río de placer con bellas doncellas y donde el musulmán que muere en yijad (“guerra santa”, o sea matando a los “infieles”, o no musulmanes) es recompensado por su fidelidad a Alá.

Gracias al Corán y a estos jadíts, tenemos una descripción nada vaga de quién y cómo era la persona del profeta fundador del Islam.


En cuanto a su humanidad

Mahoma

Lo primero que hay que resaltar es que Mahoma era un hombre mortal. Nunca reclamó ser divino, (aunque sea estimado a la altura de Dios por los musulmanes en la actualidad), sino que reclamó ser no otra cosa que un hombre mortal:

En el Jadít #63, tomo 1 se lee:

Mientras estábamos sentados con el profeta en la mezquita, un hombre vino cabalgando un camello. Hizo que su camello se arrodillase en la mezquita, le ató las piernas delanteras y luego dijo: “¿Quién entre ustedes es Mahoma?” En ese momento el profeta estaba sentado entre nosotros [sus compañeros] apoyado sobre su brazo. Nosotros respondimos: “Es este hombre blanco reclinado sobre su brazo”. El hombre se dirigió a él y dijo: “O hijo de ‘Abdul Muttalib.”[1][1]

Como hombre, tuvo un nacimiento y un desarrollo normal como cualquier otro. Nació en 579 DC en la ciudad de Meca en la parte occidental de Arabia. Su padre fue Abdulá, que significa esclavo de Alá, lo cual señala también la devoción de su abuelo por la divinidad lunar llamada Alá. Su madre, Aminah, era aficionada a las artes del ocultismo. Su padre murió antes que naciera el niño y su madre murió cuando Mahoma tenía escasamente seis años de edad, quedando al cuidado de su abuelo, quien a su vez, no vivió mucho por lo que Mahoma pasó al cuidado de su tío Abu Talib. Nacido en la tribu de los coraixíes, quienes estaban encargados de la adoración en la Caaba en la Meca. El resto de su niñez y juventud pasó desapercibida como la vida normal de cualquier adolescente. No fue sino a la edad de 25 años, que se casa con su patrona, Kadiya, quien le llevaba 15 años de edad, pero que le resultó ser su más fiel compañera e incomparable apoyo en la religión que habría de fundar.

Este elemento humano es lo que precisamente impidió a los coraixíes seguir a un “Juan Pérez” cualquiera en sus afirmaciones de ser el profeta de Alá que tenía la comisión de comenzar una nueva religión.

Los musulmanes no tienen, sin embargo, ningún problema en aceptar y afirmar que su profeta no era más que un hombre, a la luz de su énfasis en una religión monoteísta que proclama que solo Alá es Dios. Abdalati, un musulmán ortodoxo, escribe por ejemplo:

Los musulmanes adoramos solamente a Dios. Mahoma era solo un ser mortal comisionado por Dios a enseñar la Palabra de Dios y llevar una vida ejemplar. Él permanece en la historia como el mejor modelo para la humanidad en piedad y perfección. Él es una prueba viviente de lo que el hombre puede ser y lo que puede lograr en el reino de la excelencia y la virtud. Además, el musulmán no cree que el Islam fue fundado por Mahoma, aunque fue restaurado por él en la última etapa de evolución religiosa.[2][2]

Mahoma es para los musulmanes, no obstante, el hombre perfecto (que en lenguaje musulmán no significa sin pecado) cuyo ejemplo hay que imitar, en todos los aspectos, para ganar el derecho de entrar en el paraíso. Los jadíts describen, consecuentemente, desde la manera cómo se deben hacer las oraciones (postrándose hasta el suelo), hasta como la actividad sexual y hasta la manera de orinar y defecar.

Jesucristo

Jesucristo también fue hombre. Las Escrituras lo presentan como hombre. Específicamente, sobre todo en el evangelio de Lucas, es el “Hijo del Hombre”, que resalta su humanidad. En el pasado, grupos han negado la humanidad de Cristo, por diferentes razones, entre ellas, por considerar que la divinidad no puede habitar corporalmente en un hombre, y por considerar la carne pecaminosa. Tal fue la posición de los docetitas, y otras sectas gnósticas. Ese error es la señal característica del anticristo, según 1 Juan 4:3:

Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.

Pero a diferencia de Mahoma, Jesucristo no tuvo un padre humano. Su nacimiento fue virginal. Se “vistió” de humanidad a través de María:

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. (Gálatas 4:4-5)

De esa manera solamente, el hombre-Dios, Jesucristo, podía salvar a la humanidad.

El Corán no solamente testifica de la humanidad de Cristo, sino que hasta reconoce su nacimiento virginal. En Surá 3:40-43 encontramos una referencia al nacimiento virginal de Cristo, y en Surá 19:16-22 otra:

¡Oh Mahoma! habla en el Corán de María, cuando se retiró de junto su familia y se fue hacia el Este. Se cubrió con un velo que la ocultó a sus miradas. Enviamos hacia ella nuestro espíritu. Tomó ante ella la forma de un hombre, de una figura perfecta.

Ella le dijo: Busco cerca del Misericordioso un refugio contra ti. Si tú lo temes. . .

El respondió: Soy el enviado de tu Señor, encargado de darte un hijo santo.

¿Cómo, respondió ella, voy a tener yo un hijo? Ningún hombre se ha acercado a mí, y yo no soy una mujer disoluta.

El respondió: Será así; tu Señor ha dicho: Esto es fácil para mí. Será nuestro signo ante los hombres y la prueba  de nuestra misericordia. La sentencia está pronunciada.

Ella se tornó embarazada del hijo se retiró a un lugar distante.

La humanidad de Cristo también se ve en que padeció, al igual que todo hombre, de hambre (Mateo 4:2), cansancio (Juan 4:6), dolor y pena (Juan 11:35), y como hombre experimentó también una muerte física (Juan 19:34); fue tentado como hombre, aunque sin pecado (Hebreos 5:15). La mayor prueba de que hubo un hombre llamado Jesús es que Él dividió la historia de la humanidad, y ahora los años se cuentan a partir de Él. Ahora vivimos en el año 2002 DC. y antes de Él se cuenta AC. (a pesar del intento de los Testigos de Jehová de referirse a EC. –era común- en su aversión por Cristo).

En cuanto a su pecaminosidad

Mahoma

Que Mahoma era un hombre pecador no es encubierto ni en el Corán ni en los jadíts. En el Corán, por ejemplo, hay referencias nada vagas respecto a la pecaminosidad del profeta:

Ten, pues, paciencia, ¡Oh Mahoma!, pues las promesas de Dios son la verdad misma, implora cerca de él el perdón de tus pecados y celebra las alabanzas de tu Señor mañana y tarde (Surá 40:57).[3][3]

A fin de que Dios pruebe que te perdona las faltas pasadas a fin de que cumpla sus beneficios hacia ti y te dirija por el camino recto. (Surá 48:2)

¡Oh Mahoma! Te hemos enviado el Libro que contiene la verdad á fin de que juzgues entre los hombres, según lo que Dios te ha dado á conocer. No entre en discusión con los pérfidos é implora el perdón de Dios. Es indulgente y misericordioso.

Y en los jadíts:

Aisha dijo que el mensajero de Dios solía decir: “Oh Dios, busco refugio en ti por el mal que he hecho”.[4][4]

Y citado por Abu Musa al-Asha’ri:

Oh Dios, perdóname mi pecado, mi ignorancia, mi extravagancia en mis asuntos y mis pecados frívolos, mis pecados cometidos intencionalmente o sin intención, pues soy culpable de todo ello, Oh Dios, perdóname mis pecados primeros y los postreros, lo que he mantenido en secreto y lo que he cometido a la luz.[5][5]

Cuando Abu Haraira le preguntó a Mahoma:

¿Qué dices en la pausa entre el Takbir y la recitación? Mahoma respondió: Digo: “O Alá, sepárame de mis pecados, así como el este y el oeste están separados uno del otro, y límpiame de pecados como un vestido blanco queda limpio de suciedad. O Alá, lava mis pecados con agua, nieve y granizo” (Tomo 1, Jadít No. 711).[6][6]

En el jadít No. 319, tomo 8, Abu Huraira dijo:

Oí que el Apóstol de Alá decía: “¡Por Alá! Pido que Alá me perdone y acudo a él en arrepentimiento más de setenta veces al día.”[7][7]

Mahoma era alabado por sus seguidores, no porque no tenía pecado, sino porque sus pecados le habían sido perdonados.

Ellos decían: “Oh profeta de Alá! No somos como tú. Alá te ha perdonado tus pecados pasados y futuros”. (Tomo 1, jadít No. 19).[8][8]

Se dice que Jesús dijo de Mahoma:

Mahoma, el esclavo de Alá, cuyos pecados pasados y futuros fueron perdonados por Alá (tomo 6, No. 3).[9][9]

No obstante que no hay lugar alguno en las Escrituras que registren que Jesús haya dicho semejantes palabras, en el afán de revindicar la autoridad, y es de suponer, la “humildad” del profeta al aceptar su pecaminosidad, estas citas directas de las escrituras islámicas, no dejan lugar a dudas de la imperfección del profeta musulmán.

En el tomo 8, jadít No. 407 también se lee que dijo el profeta:

¡Oh mi Señor! Perdona mis pecados y mi ignorancia. Perdona mis pecados del pasado y del futuro que cometí abierta o secretamente.[10][10]

El Corán, como se indicó en el artículo anterior (sobre el Corán), se puede considerar como la biografía de Mahoma. En él se puede leer, por ejemplo, que el profeta islámico fue sujeto y sucumbió a las mismas tentaciones que todos los hombres; pero entre ellas, resaltan principalmente la ira, la avaricia y un incontrolable apetito sexual.

En cuanto al temperamento iracundo del profeta, se ha señalado que padecía de ataques epilépticos, y que frecuentemente se levantaba de esos ataques con nuevas “revelaciones”.

  1. Mahoma solía experimentar tintineo en los oídos como si escuchara campanillas: tomo 1, Jadít #1; tomo 4, Jadít #438.

  2. El corazón le latía con rapidez: tomo 1, Jadít #3.

  3. Se le enrojecía la cara; tomo 2, capítulo 16, p. 354; tomo 5, Jadít #618; tomo 6, Jadít #508.

  4. Solía respirar con mucha dificultad: tomo 6, Jadít #508.

  5. A veces solía desplomarse o echarse al suelo: tomo 2, capítulo 16, p. 354; tomo 4, Jadít #461: “Me caí al suelo”; tomo 5, Jadít #170: “Se cayó inconsciente sobre el piso con ambos ojos [abiertos] hacia el cielo”; tomo 6, Jadít #448: “Me caí sobre el piso.”

  6. Solía pedir que lo cubriesen con una sábana o frazada: tomo 1, Jadít #3; tomo 2, capítulo 16, p. 354; tomo 3, Jadít #17; tomo 4, #461: “Me caí al suelo. . . “ y dijo: “¡Cúbranme [con] una frazada! ¡Cúbranme!” Luego Alá envió una revelación: “¡O, tú envuelto en una frazada!”; tomo 5, jadít #170: “Se cayó inconsciente al suelo, con sus dos ojos [abiertos] hacia el cielo. Cuando volvió en sí dijo: “¡La banda de mi cintura! ¡La banda de mi cintura!” (tomo 6, Jadíts # 447, #481)

  7. Sus labios solían temblar cuando estaba en el piso (tomo 1, Jadít #4).

  8. Oía y veía cosas que nadie más veía ni oía (tomo 1, #2 y # 3; tomo 4, Jadíts #458, #461; tomo 6, Jadít #447)

  9. Solía transpirar copiosamente (tomo 1, Jadít #2; tomo 5, Jadít #462).

  10. A veces solía roncar como un camello (tomo 2, Cáp. 16, p. 354; tomo 3, Jadít #17).

  11. A veces solía soñar (tomo 1, Jadít #3; tomo 5, Jadít #659; tomo 6, Jadít #478).[11][11]

El lector no debe pensar que los ataques de ira eran limitados a los trances de “revelaciones” que tenía Mahoma, en otros aspectos de su vida se ve la poca paciencia y el enojo del profeta.

Morey cita varios jadíts al respecto de que Mahoma se enojaba cuando se le hacían preguntas que no podía responder:

Al profeta le preguntaron acerca de cosas que no le gustaban; cuando el interrogador insistía, el profeta se enojaba (tomo 1, Jadít #92).

El profeta les decía reiteradamente [con enojo] que le preguntasen cualquier cosa que quisiesen (tomo 1, Jadít #30). Pero la gente había aprendido a no hacerle preguntas.

Alá te ha odiado. . .[por] formular demasiadas preguntas (tomo 2, Jadít #555; tomo 3, Jadít #591). [12][12]

Moshey relata uno de los primeros homicidios ordenados por el profeta Mahoma. El de la poetisa Asma de Medina, quien compuso  algunos poemas para ridiculizar a la gente de Medina por seguir a un hombre que había matado a 49 miembros de su propia tribu en la batalla de Badr cuando asaltó la caravana para quedarse con el botín y establecer así su nueva religión:

. . .Asma, hija de Merwan y esposa de Yazid bin Zaid. De acuerdo con Ibn Isaac en su monumental obra Suraht’l Rasul, traducida por Ibn Hisham como La Vida del Profeta. . . Esta mujer fue apuñalada en su propia cama. La tarea fue encargada a Umayr ibn ‘Awf. En las palabras del erudito musulmán Mahoma Haykal: “Umayr ibn Awf la atacó durante la noche cuando estaba acostada con sus hijos, uno de los cuales todavía era amamantado. “Umayr estaba débil de la vista y tenía que buscarla a tientas. Después de quitarle a sus niños, la mató; luego fue donde el profeta a informarle lo que había hecho”. Recibió, como recompensa, una felicitación por haber hecho una buena obra para Alá.[13][13]

Otra instancia de venganza llena de odio y enojo que llevó a asesinatos en los primeros años del Islam por el profeta, fue la de Abbas. Se decía que Abbas era un convertido “tibio”. Abbas expresó en poesía también su desacuerdo con el profeta por sus deficientes “matemáticas” al repartir los botines de las caravanas asaltadas, pues siempre le tocaba más a Mahoma. “Tomen a ese hombre y córtenle la lengua” se oyó decir al profeta.[14][14] La avaricia del profeta no pasaba desapercibida.

Su temperamento iracundo también se revelaba en su actitud hacia los que, en general, cuestionaban su llamado de profeta y apóstol

Como era profeta, un hombre le preguntó dónde podía encontrar su camello, entonces “El profeta se enojó, y sus mejillas o su rostro se enrojecieron” (tomo 1, Jadít #91)[15][15] 

Otro ejemplo paradójico en quien se supone en el Islam es un dechado de virtudes, es el insaciable apetito sexual de Mahoma. Aun bajo los estándares de poligamia del Corán que dice: “Si teméis no ser equitativos respecto de los huérfanos, no os caséis, entre las mujeres que os gusten, más que con dos, tres o cuatro. . .” (Surá 4:3), Mahoma se sale de los lineamientos de su propia Escritura, pues según los historiadores, Mahoma llegó a tener unas 25 mujeres. Aun los apologistas musulmanes más conservadores le atribuyen por lo menos quince:

Un defensor musulmán de Mahoma, escribiendo en El Profeta del Islam como el Esposo Ideal, admite que tuvo por lo menos quince esposas. No obstante, le enseñó a los demás que solo podían tener hasta cuatro esposas. ¿Cómo puede alguien ser el ejemplo de moralidad perfecto para toda la raza humana si no puede ni vivir bajo sus propias leyes básicas que estableció como venidas de Dios?[16][16]

El erudito y estadista musulmán Ali Dashti hasta ofrece una lista de 22 mujeres en la vida de Mahoma, entre las cuales, Morey señala que:

Las primeras 16 eran esposas. Las número 17 y 18 eran esclavas o concubinas. Las últimas cuatro no eran ni esposas ni concubinas sino mujeres musulmanas devotas quienes se “dieron” a sí mismas para satisfacer los deseos sexuales de Mahoma. Zaynab de Jahsah era originalmente la esposa del hijo de Mahoma. . . Aesha sólo tenía ocho o nueve años de edad cuando Mahoma la llevó a la cama. Esta faceta del apetito sexual de Mahoma es particularmente penosa para los occidentales.[17][17]

Del apetito sexual de Mahoma, quizá el capítulo más vergonzoso es la apropiación de la esposa de su propio hijo adoptivo. Como se indicó en el capítulo anterior (El Corán), y como se puede leer en la cita de arriba, Mahoma tomó por mujer la ex-esposa de su hijo Zayd. Es un hecho bien documentado que en una ocasión que Zaynab no llevaba su velo puesto, Mahoma quedó pasmado con su belleza y la codició. Su hijo, quien lo respetaba y le estaba muy agradecido por haberlo criado, no quiso interponerse a los deseos de su padre y “voluntariamente” se divorció de su amada para que su padre la pudiera tener.

Esto no es ningún chisme esparcido en secreto por los enemigos del Islam, pues el Corán contiene la conveniente revelación que le vino a Mahoma de parte de Alá, en la que, no solamente tenía permiso para tener la esposa de su hijo, sino que hasta sale regañado por tener oculto en su corazón tal deseo:

¡Oh Mahoma! Tú has dicho un día á este hombre respecto del cual ha estado lleno de bondad y á quien ha colmado con sus favores: Guarda á tu mujer y teme á Dios; y tú ocultabas en tu corazón lo que Dios iba a á exponer muy pronto á la luz del día. Tú has temido á los hombres, y, sin embargo, era más justo temer á Dios. Pero cuando Zeid tomó un partido y resolvió repudiar á su mujer, nosotros le unimos á ti mediante el matrimonio, á fin de que no sea para los creyentes un crimen el casarse con las mujeres de sus hijos adoptivos, después de su repudiación. Y la sentencia de Dios se cumplió. (Surá 33:37)

Una última evidencia que se presenta aquí de la obsesión de Mahoma con los placeres sexuales es el concepto musulmán coránico del paraíso. Aunque el asunto del paraíso musulmán se tratará en mayor detalle en otro capítulo, basta mencionar aquí que en él el musulmán obtendrá todas aquellas cosas de las que fue privado aquí en la tierra. Entre ellas, por supuesto, un cúmulo de saciedad y placeres sexuales con hermosas mujeres. Pero dejemos que el Corán hable por sí mismo en esto:

Anuncia á los que creen y practican las buenas obras que tendrán por morada jardines regados por corrientes de agua. Cada vez que tomen algún alimento de los frutos de esos jardines exclamarán: he aquí los frutos con que nos alimentábamos en otro tiempo; pero sólo tendrán apariencia. Allí hallarán mujeres exentas de toda mancha y allí permanecerán eternamente. (Surá 2:23)

Los que crean y obren el bien serán introducidos en los jardines regados por corrientes de agua; permanecerán allí eternamente; hallarán allí mujeres exentas de toda mancha y deliciosas sombras. (Surá 4:60)

El que sigue los signos evidentes del Señor ¿será tratado como aquel á quien han parecido hermosas sus malas acciones y que ha seguido sus pasiones? (Surá 47:15)

Jesucristo

El Señor Jesucristo, en cambio, es presentado en las Escrituras, tanto las cristianas como las musulmanas, como sin pecado y sin mancha:

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. (Hebreos 5:15)

Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, (1 Pedro 1:18-19)

Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas;  el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; (1 Pedro 2:21-23)

Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. (1 Juan 3:5)

Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; (Hebreos 7:26)

¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? (Hebreos 9:14)

Cristo Jesús aun retó a sus enemigos:

¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? (Juan 8:46).

Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas? (Juan 19:23)

Pilato no encontró pecado en él, y lo declaró tres veces:

Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Yo no hallo en él ningún delito. (Juan 18:38)

Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo delito en él. (Juan 19:6)

Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. (Juan 19:4)

Cosa curiosa, no hay ni un solo defecto, ni un solo pecado, ni una sola falla de carácter mencionada en el Corán respecto de Cristo, mientras que Mahoma es presentado tal como lo que era, un hombre pecador.

En contraste con Mahoma, Jesús nunca dirigió ejércitos, nunca mató a nadie, nunca se molestó por preguntas que le hicieron, nunca despojó a nadie de sus posesiones, nunca fue casado ni codició la mujer de nadie. En cuanto a la codicia y la avaricia, la vida del Salvador fue caracterizada por la austeridad y sencillez. A uno que lo quería seguir le dijo: “Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.” (Lucas 9:58)

Los Milagros: Pruebas del Apostolado

Mahoma

El Corán no tiene ningún milagro registrado que haya sido realizado por Mahoma. Él mismo no reclamaba haber hecho ningún milagro excepto quizá, producir el Corán mismo. No obstante; a la muerte del profeta, sus seguidores le atribuyeron milagros, probablemente en el afán de autenticar su religión y de que su profeta de ninguna manera pareciera inferior a Jesús y los profetas que le antecedieron. Estos milagros están registrados en los jadíts. Morey resume los más sobresalientes que son relacionados más directamente con el profeta. Enseguida se enumeran:

  1. La luna fue cortada por la mitad. Supuestamente ocurrió cuando la gente de la Meca le pidió al profeta que demostrara que era profeta haciendo un milagro. (Tomo 4, Jadíts Nos. 830, 831; Tomo 5, Jadíts Nos. 208, 209, 210, 211; Tomo 6, Jadíts Nos. 387, 388, 389, 390)
  2. La palmera llorona. Ocurrió cuando Mahoma escogió predicar desde un púlpito en vez de bajo la sombra de la palmera. Mahoma descendió entonces del púlpito y acarició la palmera para consolarla. (Tomo 2, Jadíts No. 41; Tomo 4, Jadíts No. 783)
  3. Agua en el desierto. Se dice que en cierta ocasión que necesitaban agua, Mahoma pidió que le trajeran una jofaina. Luego hizo que de sus uñas brotara agua con la que llenó la jofaina y bebieron de ella todos. (Tomo 1, Jadíts Nos. 170, 194; Tomo 4, Jadíts Nos. 773, 774, 775, 776, 779)
  4. La multiplicación del pan. Se dice que Mahoma alimentó multitudes al igual que Jesús, y que lo hizo haciendo que la gente ser acercara a él en grupos de diez para asemejarse más a Cristo. (Tomo 4, Jadíts Nos. 778, 781)
  5. La tumba abierta. Se dice que cuando alguien moría, si era musulmán convertido al cristianismo, al ser sepultado su cadáver era arrojado fuera de la tumba por la tierra. Este era un milagro atribuido a Mahoma. (Tomo 4, Jadít No. 814)
  6. El pecho abierto de Mahoma. Corre la leyenda de que el ángel Gabriel le abrió el pecho al profeta para lavar sus entrañas con agua de Zam-zam, que lo llenó de sabiduría y fe, y luego volvió a cerrarlo. (Tomo 1, Jadít No. 345)
  7. Sació la sed con su saliva. Se dice que en una ocasión Mahoma escupió en un pozo seco, que éste se llenó de tanta agua que una multitud de 1.400 hombres fueron saciados de sed junto con sus camellos. (Tomo 4, Jadít No. 777; Tomo 5, Jadíts Nos. 471, 472).

Los jadíts hablan de muchos más milagros como el de su viaje a través de los siete cielos donde habló con Moisés, Abraham y Jesús, del poder sanador de su saliva y de la recitación del Corán, de que hizo caer lluvia, la predicción de cuántos dátiles daría un árbol antes de la cosecha, o la multiplicación de dátiles para que un musulmán saldara una deuda, etc., etc. atribuidos a Mahoma, y de muchos otros que ocurrieron durante la vida del profeta que no fueron realizados directamente por él, o en los que no estuvo involucrado directamente.[18][18]

Varios señalamientos son pertinentes en cuanto a los “milagros” de este profeta:

  1. No hay registro alguno de ellos, ni el Corán, libro sagrado del Islam, ni en ninguna otra fuente fidedigna histórica. Solamente están mencionados en los jadíts.
  2. Dichos milagros no parecen haber sido realizados con un plan o propósito definidos, que no fuera el impresionar al público; o mejor dicho, al lector.
  3. En algunos hay un parecido tan impresionante con los milagros de Cristo, que es difícil resistir la tentación de concluir que no se trata mas que de un plagio.
  4. Otros se asemejan a los profetas falsos paganos contemporáneos de Mahoma.
  5. Muchos de los “milagros” rayan en lo ridículo y en la superstición; como el de la tumba abierta, o el que dice que el hombre con dos mujeres, al inclinarse más a una, en la resurrección tendrá nalgas desiguales, la creencia del mal de ojo, o la costumbre de, después de visitar la Ca’aba (uno de los cinco pilares de la fe islámica), hay que ir a un arroyo cercano a tirarle piedras al diablo.

Estos últimos reflejan más bien las prácticas ocultistas árabes de la cultura pre-islámica.

Jesucristo

La vida entera de Jesús estuvo rodeada de milagros. Desde su nacimiento virginal, hasta la hora de la muerte cuando tembló la tierra y el sol se oscureció, y luego su resurrección dejando una tumba vacía, seguida por su ascensión al cielo. Eventos que siguen incomodando a los escépticos y liberales, por su incapacidad de desacreditarlos. Fueron eventos que aparecen registrados en la historia como verídicos. Josefo, contemporáneo de los discípulos de Cristo, documenta en sus obras (La Guerra de los Judíos, Las Antigüedades de los Judíos, Las Obras de Josefo y otras) muchos de los eventos milagrosos, además de los escritos de los así llamados Padres de la Iglesia, muchos de los cuales fueron contemporáneos de los apóstoles y de los incrédulos de su tiempo que fueron testigos de estos eventos, que, como dice Pablo en su apología de la resurrección: “Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen.” (1 Corintios 15:6). De modo que había testigos vivos de la resurrección cuando Pablo escribió su carta, que podían  atestar de su veracidad.

Como autenticación del carácter de Cristo, sus milagros contundentemente lo acreditan como profeta. Tanto así, que Mahoma mismo exalta las virtudes de Cristo como profeta por los milagros que hizo y  el intento de igualar los milagros de Mahoma  para autenticar al profeta musulmán. De ahí que Cristo sea admirado, respetado y muy querido por los musulmanes como profeta, aunque como veremos más adelante, ese solo concepto respecto de Jesús no es suficiente.

Los milagros de Cristo están bien documentados en los evangelios. Sería muy largo enumerarlos aquí. Lo que nos limitaremos a señalar aquí, en contraste con los milagros de Mahoma, es la función que éstos tuvieron en la vida de Cristo:

  1. Los milagros eran las credenciales de su mesianidad. Cuando Juan el Bautista desde la cárcel envió a preguntarle si él era el que había de venir, Lucas relata:

En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí. (Lucas 7:21-22)

  1. Sus milagros llevaban como propósito convencer a los que creían y dejar sin excusa a los que no creían, pero nunca fueron hechos para impresionar a nadie.

Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado. (Juan 5:36)

Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras. (Juan 14:11)

Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. (Juan 6:14)

Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. (Lucas 8:10)

  1. Los milagros de Jesús fueron únicos y originales. Jesús no trató de imitar a nadie para que así creyeran que venía de la línea de profetas. Además de que todos los milagros que hizo estaba perfectamente profetizados en el Antiguo Testamento. (Isaías 61:1-3)
  1. Los milagros de Jesús no tenían nada de superstición involucrada en ellos, ni se asemejaban en nada a ninguna práctica ocultista de esos tiempos, o de ningún otro tiempo. Eso era precisamente lo que tenía frustrados a los fariseos y escribas, que si Jesús no venía de Dios, ¿Cómo entonces podría hacer los milagros que hacía?

 

Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros? (Mateo 13:54)

  1. Los milagros que hizo Cristo eran cosas contundentes que hasta la fecha, ni los carismáticos que reclaman que las obras que Cristo hizo son también para esta era pueden reproducir, como resucitar muertos.
  2. Los milagros de Jesús quedaron bien asentados durante su vida. Nada de lo que él hizo fue fabricado por sus seguidores después de Su muerte, y esto, en forma oscura en solamente unos cuantos escritos reconocidos solamente por los cristianos.

A Mahoma lo rechazaron su tribu, sus parientes, y sus enemigos, porque no tenía nada sobrenatural con qué demostrar que Dios lo enviaba como profeta. Ciertamente, si Mahoma hubiera levantado de entre los muertos a alguien, o hubiera alimentado multitudes con un trozo de pan y un par de pececillos, o dado la vista a un ciego, el camino a establecer el Islam hubiera sido menos difícil.

Su lugar en la línea de profetas

Ya que las Escrituras hebreas y las cristianas son alabadas en el Corán, el musulmán sinceramente cree que el Corán forma parte de la línea profética de revelaciones de lo Alto. El musulmán también ha sido enseñado que las Escrituras cristianas profetizan la venida del profeta de la Meca. La gran mayoría cree en eso, sin haberse ni siquiera tomado el tiempo de leer la Biblia para ver si esto es así.

De ahí que, los pocos que han tenido que pasar por muchas dificultades para encontrar tales predicciones en la Biblia, sean unos cuantos (proporcionalmente hablando) apologistas musulmanes que han tenido en la Biblia indicios de la profecía de la venida del profeta árabe en los últimos tiempos.

Por ejemplo, creen que cuando la Biblia en Juan 16:7 habla del “Consolador” es una referencia a Mahoma, pues la palabra griega paracletos que significa “consolador”, se parece a periclytos que significa en griego “alabado” al igual que “mahoma” en árabe. Esta profecía no podría ser en referencia a Mahoma, porque en Juan 14:16 dice: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”. Mahoma no ha estado con los seguidores de Cristo (ni con los musulmanes) para siempre. Su tumba está en Medina hasta hoy. Esta profecía se refiere al Espíritu Santo de Dios.

Otra predicción bíblica utilizada por los defensores de Mahoma es Deuteronomio 18:15-18.

Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;

Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Pero es fácil demostrar por qué esta profecía no se refiere a Mahoma. Dios le dice a Moisés que de “en medio de sus hermanos” (v. 18) vendría el profeta, y Mahoma era árabe, no judío. El Corán también reconoce que la línea de profetas viene de Isaac, no de Ismael:

Dimos á Abrahán, Isaac y Jacob; establecimos en su posteridad la profecía y el Libro; le concedimos una recompensa en este mundo, y él es del número de los justos en el otro. (Surá 29:26)

Otra supuesta profecía es la de Deuteronomio 33:2:

Dijo: Jehová vino de Sinaí, Y de Seir les esclareció; Resplandeció desde el monte de Parán, Y vino de entre diez millares de santos, Con la ley de fuego a su mano derecha.

Los musulmanes dicen que las apariciones de Dios en Sinaí se refieren a Moisés, las de Seir a Jesús y las de Parán (Arabia) a Mahoma. Pero es fácil, al mirar un mapa, que los tres lugares se refieren a la península del Sinaí. Seir está a miles de kilómetros de Palestina donde vivió Jesús; y Parán no está cerca de Meca. Además, dice que vino “Jehová” con diez millares de santos, no Mahoma (o algún profeta) con diez millares de soldados.

También creen los musulmanes que Deuteronomio 34:10, 11 es otra referencia a Mahoma:

Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara; nadie como él en todas las señales y prodigios que Jehová le envió a hacer en tierra de Egipto, a Faraón y a todos sus siervos y a toda su tierra,

“Nunca más” es entendido por los musulmanes que significa hasta los tiempos de Mahoma, en el siglo VI. Sin embargo, por el versículo 11 vemos que dicho profeta mencionado en Dt 34 se refiere a Cristo porque “nadie como él en todas las señales y prodigios que Jehová le envió a hacer. . .” Ya señalamos que Mahoma mismo admitió no haber realizado ningún milagro ni prodigio.

Otra referencia más se mencionará[19][19] que bastará para mostrar fatuidad de las pretensiones musulmanas. Es la de Isaías 21:7

Y vio hombres montados, jinetes de dos en dos, montados sobre asnos, montados sobre camellos; y miró más atentamente,

 En la cual, los musulmanes ven a Jesús montado sobre un asno y a Mahoma montado sobre un camello; y el orden en que se mencionan significa que Mahoma vendría después de Jesucristo. Lo que resalta inmediatamente es que los que montan son varios jinetes, tanto en los asnos, como en los camellos. El contexto habla de la huida de los babilonios en la caída de Babilonia (v. 9) y los animales solo son una referencia a la variedad de medios de transporte por los que saldrían huyendo. Nada del contexto señala que sea una referencia a un profeta que vendría después de Cristo.

Estas y otras “predicciones” bíblicas de la venida del profeta árabe en la Biblia son las presentadas por los apologistas islámicos intelectuales, pero para la gran masa de “sometidos” (Islam significa sumisión, y “musulmán” significa sometidos o resignados a la voluntad de Alá), no  necesitan ni tener pruebas. Su razonamiento en círculos les dice que:  “ya que el Corán alaba a las Escrituras hebreas y cristianas, éstas deberían de mencionar la venida de Mahoma. ¿Por qué? porque el Corán viene de Dios. ¿Cómo sabemos eso? Porque Mahoma lo recibió de Dios. Pero ¿y qué si las Escrituras hebreas y las cristianas no tienen ninguna profecía sobre Mahoma? Entonces los cristianos las deben haber adulterado. ¿Cómo sabemos eso? Porque el Corán es el libro de Dios, la última forma de las Escrituras de Dios, y si éstas hablan de Mahoma, las anteriores debieron hacerlo también, porque el Corán viene de Dios.” O algo por el estilo.

Como en todo argumento religioso, el fervor y el furor no deben dominar el razonamiento. Un estudio científico de las escrituras coránicas y las cristianas demuestra cuáles en verdad vienen de Dios. El Corán, como se indicó en el capítulo anterior, se conservó en la forma actual cuando el califa Uthman compiló los dichos coránicos en un solo tomo, de las diferentes copias contradictorias entre sí, destruyendo las demás. En cambio, de las Escrituras griegas cristianas se conservan por lo menos 5338 manuscritos, algunos de los cuales datan de los siglos II y III (mucho antes de la venida de Mahoma en el siglo VI), lo cual hace fácil corroborar que los cristianos no han adulterado sus escrituras para borrar las predicciones bíblicas del profeta de la Meca.

Su poder para salvar

Mahoma

La religión del Islam es una religión fatalista. No se hace la anterior declaración en forma peyorativa o burlona. No hay salvación del pecado y la condenación, porque no existe naturaleza pecaminosa. La caída de Adán es vista en el Corán como una bendición y no como una maldición. El musulmán se salva a sí mismo en la medida que se somete a Alá. No hay necesidad de salvador. dios no está interesado en establecer una relación personal con el pecador en el Corán. De ahí que Mahoma no es presentado como salvador, ni jamás pretendió serlo. No hay intento musulmán de presentar a su profeta como tal. Mahoma, pues, no es un salvador.

Jesucristo

Cristo, en cambio, es prometido, recibido y visto como Salvador del mundo. Su nombre fue Jesús: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” (Mateo 1:21). Fue el propósito de su venida. Contrario a lo que todos los falsos profetas han hecho, de comenzar una nueva religión, Cristo no vino a eso sino a “buscar y a salvar lo que se había perdido.” (Lucas 19:10). Jesús, fue a la cruz, para salvar a la humanidad por amor (Juan 3:16; Juan 15:3; Romanos 5:8). Mahoma no murió, no dio nada por la humanidad; al contrario, despojó a los viajeros como un ladrón y los mató con la excusa de que eran infieles, enemigos de Alá, y así enseñó a sus seguidores, los cuales, hasta la fecha, siguen sus pasos.

Y como Mahoma no es salvador, y en el Islam no hay necesidad de salvador, era simplemente lógico que en el Corán se tratara de desacreditar la obra salvadora de Cristo. En el análisis del Corán en el capítulo anterior se indicó que la muerte de Cristo no era necesaria (Surá 5:19, 116), y una doctrina fundamental del Islam es que Cristo no murió en la cruz.

Dicen: Hemos condenado a muerte al Mesías, a Jesús, hijo de María, al enviado de Dios. No, no lo han matado, no lo han crucificado; un hombre que se parecía fue puesto en su lugar, y los que disputaban sobre esto han estado ellos mismos en la duda. No lo sabían de ciencia cierta, no hacían más que seguir una opinión. No lo han matado realmente. Dios lo ha elevado a él, y Dios es poderoso y prudente. Surá 4:156

Pese a lo que diga el Corán, Jesús es el Dios y Salvador del mundo. Mahoma, no es ni dios ni salvador. Nunca reclamó serlo, aunque blasfemias contra Mahoma son consideradas por los musulmanes más ofensivas que aun las dirigidas a Alá (como veremos más adelante en otro capítulo, cuando se compare el Dios del cristianismo con el dios del Islam). Es a este Dios (Cristo Jesús) y Salvador, al cual el mundo — los incrédulos, las sectas,  y los liberales— no puede recibir:

Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, Tito 2:13

CONCLUSIÓN

Terminamos este capítulo con el siguiente cuadro, publicado por el pastor George Zeller (usado con permiso)

CONTRASTE ENTRE MAHOMA Y CRISTO

Por el pastor George Zeller

  1. Mahoma fue profeta de guerra, Cristo es el Príncipe de Paz (Isaías 9:6-7).

  2. Los discípulos de Mahoma mataron por su fe, los discípulos de Cristo murieron por la fe (Hechos 12:2; 2 Tim 4:7)

  3. Mahoma promovió la persecución contra los “infieles”, Cristo perdonó y convirtió al perseguidor principal (1 Tim 1:13-15)

  4. Mahoma fue tomador de la vida, Cristo fue el dador de vida (Juan 10:27-28)

  5. Mahoma y sus co-guerreros asesinaron a miles, Cristo no asesinó a nadie, sino salvó a muchos (compare Juan 12:48).

  6. El método de Mahoma fue compulsión, la meta de Cristo fue conversión voluntaria (hechos 3:19)

  7. Mahoma practicó la fuerza; Cristo predicó la fe (Juan 6:29, 35).

  8. Mahoma fue un guerrero, Cristo es un libertador (Col. 1:13; 1 Ts. 1:10).

  9. Mahoma conquistó a sus enemigos con la espada, Cristo conquistó a sus enemigos con otra clase de espada, la Espada del Espíritu la cual es  la Palabra de Dios (He 4:12; Hch 2:37).

  10. Mahoma dijo a las masas: “¡Conviértanse o mueran!”, Cristo dijo: “Crean y vivirán!” (Juan 6:47; 11:25-26)

  11. Mahoma fue pronto para derramar sangre (Romanos 3:15-17); Cristo derramó Su propia sangre por la salvación de muchos. (Ef. 1:7).

  12. Mahoma predicó “¡Muerte a los infieles!”, Cristo oró: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lucas 23:34)

  13. Mahoma declaró guerra santa (yijad) contra los infieles, Cristo logró un victoria santa en la cruz del Calvario (Col. 2:14-15) y sus seguidores compartieron esa victoria (Juan 16:33).

  14. Mahoma constriñó a la gente por conquista, Cristo constriñó a la gente con amor (2 Cor 5:14).

  15. Los terroristas modernos derivan su inspiración de Mahoma y llevan a cabo atrocidades despreciables en el nombre de su dios Alá, los cristianos derivan su inspiración del que dijo: “Bienaventurados los pacificadores” (Mateo 5:9)

  16. Algunos discípulos de Mahoma de la actualidad respondieron a los ataques terroristas con porras y gritos de júbilo en las calles, los discípulos de Cristo modernos están profundamente apesadumbrados por las atrocidades llevadas a cabo por los “cristianos” de nombre en las cruzadas, la inquisición española, etc.

  17. Muchos musulmanes son pacíficos y amantes de la paz porque no siguen estrictamente las enseñanzas de su fundador, muchos cristianos son pacíficos y amantes de la paz porque se adhieren estrictamente a las enseñanzas de su fundador (Rom 12:17-21)

  18. Mahoma llamó a pelear a sus siervos, Jesús dijo: “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.” (Juan 18:36)

  19. Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.

  20. Mahoma ordenó matar a los judíos (vea A. Guillaume, La Vida de Mahoma, Oxford University Press [1975], Pág. 369), Cristo ordenó que el evangelio fuera predicado “a los judíos primeramente” (Rom 1:16).

  21. El Corán dice: “Pelead en el camino de Alá” (Surá 2:244), la Biblia dice: “No tenemos lucha contra carne y sangre” y “las armas de nuestra milicia no son carnales” (Ef 6:12; 2 Cor 10:4).

  22. El Corán dice: “Pelead y matad a los paganos dondequiera que los encuentren” (Surá 9:5), Cristo dijo: “Predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).

  23. El Corán dice: “Voy a inspirar terror en los corazones de los incrédulos” (Surá 8:12), Dios inspira Su terror (temor, admiración reverencial) en los corazones de los creyentes (Is 8:13).

  24. El Corán es un manual de terrorismo que condona la pelea, el conflicto, el terror, asesinato y genocidio contra los que no aceptan el Islam, la Biblia es una manual misionero para esparcir el evangelio de paz a todo el mundo (Rom 10:15)

  25. La misión de Mahoma fue conquistar el mundo para Alá, la misión de Cristo fue conquistar la penalidad del pecado y el poder por la expiación vicaria (2 Cor 5:21; 1 Pe 3:18).

  26. Mahoma consideró a Cristo un buen profeta, Cristo pronunció a Mahoma como falso profeta (Juan 10:10; Mat 24:11).

  27. Mahoma reclamó que no había otro Dios que Alá, Cristo reclamó que Él mismo era Dios (Juan 10:30-31; 8:58-59; 5:18; 14:9).

  28. La Tumba de Mahoma: OCUPADA. La tumba de Cristo: VACÍA

Citas tomadas de la Biblia Reina Valera versión 1960

"Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza. Alabadle, bendecid su nombre" (Sal.100:4).

 


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