¿Está
Protegiendo Sus Puertas?
Por: Clarence H. Wagner, Jr.
Nunca olvidaré mi primera impresión de Jerusalén. Aunque jamás había
estado en Israel, acepté un trabajo como Administrador del Centro
Pediátrico Spafford, ubicado justo al interior de las antiguas murallas
de Jerusalén, cerca de la puerta de Damasco.
Impresión Inicial
Era una tarde fresca y despejada cuando arribé por primera vez, ese
enero de 1977, al aeropuerto de Tel Aviv.
En lo que alcanzamos ver la
puerta de Damasco en Jerusalén, el sol ya se ponía en el occidente.
Debido a que nunca había visto las antiguas
murallas de Jerusalén, me impactó ver cómo el sol poniente pintaba de
oro algunos pedazos de las murallas y las cúpulas elevadas de los
edificios. Las sombras creadas simulaban objetos casi tridimensionales.
Vendedores ambulantes vociferaban su mercancía, tratando de hacer sus
últimas ventas del día, mientras que el gentío remolinaba en los
contornos como una ruidosa colmena de abejas. Podía escuchar un canto
casi lastimero saliendo de la mezquita llamando a los devotos musulmanes
a la oración, a la vez que sonaban brillantemente las campanas de una
cercana catedral.
¡Qué lugar tan fascinante! ¡Y éste iba a ser
mi nuevo hogar!
Conocía la dirección general en que se encontraría el Centro Pediátrico
Spafford, y lo pude localizar con mi vista hacia mi izquierda,
extendiéndose por encima y detrás de la muralla. El taxi me había dejado
con mis maletas fuera de la muralla, ya que los vehículos no pueden
correr las angostas calles escalonadas de la antigua ciudad.
Allí me encontraba estupefacto por el panorama que tenía frente a mí.
Repentinamente, el dueño de un burro se me acercó para venderme sus
servicios. Amarrando mis pesadas maletas a las espaldas de su animal de
carga, procedimos a través de la puerta de Damasco. Estábamos casi a
finales del siglo 20, pero me sentía como si hubiese retrocedido en el
tiempo, y había llegado a la época bíblica.
Actualmente, la puerta de Damasco, ubicada en el lado norte de la ciudad
antigua, es una de las ocho puertas que se encuentran alrededor del
muro. Como varias de ellas, se ha denominado como tal por la ciudad a la
que finalmente llega el camino que procede de ella: Damasco. Es una
bella entrada con grandes puertas en madera y hierro las cuales, en
tiempos antiguos, eran cerradas de noche para evitar que entraran
invasores enemigos.
Mientras entrábamos por la enorme puerta, noté que no era una simple
entrada. Esta "puerta" realmente consistía de unos amplios pasillos en
forma de "z". Tan pronto nos adentramos al primer pasillo, tuvimos que
doblar 90 grados hacia la izquierda, continuar este pasillo por casi 10
metros, y luego hacer otro viraje de 90 grados hacia la derecha. De esta
manera atravesamos la gran "puerta" y entramos a la ciudad antigua.
Mientras procedíamos por el camino de piedra pulida hacia mi nuevo
hogar, recordaba maravillado esta enorme entrada a la ciudad antigua de
Jerusalén, la ciudad de David, la ciudad de Dios.
Propósitos Originales De
La Puerta
Desde
tiempos antiguos, las puertas o entradas eran el lugar de mayor
actividad de una ciudad. Justamente dentro de la misma se encontraba un
área despejada o plaza en la que se podía realizar toda clase de
intercambio social, además de establecer negociaciones comerciales y
legales. La Biblia describe que aquí, en estos espacios abiertos, se
hacía lectura de la ley y de las proclamaciones oficiales (Jos. 20:4; 2
Cr. 32:6; Neh. 8:1,3); los reyes, jueces y ancianos juzgaban casos
legales y transacciones comerciales (Dt. 16:18; 2 Sam. 15:2; Am.
5:10-15); se discutían las más recientes noticias del día (Gn. 19:1),
además de correrse los últimos chismes (Sal. 69:12). Era un lugar donde
prosperaba el comercio y se intercambiaban artículos importados, como en
la puerta del Pescado (Neh. 3:3) o en la puerta de las Ovejas (Neh.
3:1).
Los profetas y los
sacerdotes pronunciaban reprensiones y exhortaciones en las puertas (Is.
29:21; Am. 5:10; Jer. 17:19; etc.). Los criminales eran castigados fuera
de las puertas (1 Rey. 21:10; Hch. 7:58). La puerta de la ciudad era
también el sitio donde uno podía hablar con los reyes o dignatarios (2
Sam. 19:8; 1 Rey. 22:10; Est. 2:19, 21; 3:2). Era el sitio donde los que
visitaban la ciudad podían pasar la noche si no tenían sitio donde
dormir.
Era un honor el ser
elegido como anciano para sentarse a la puerta de una ciudad (Pr. 31:23;
Dn. 2:49). Luego de separarse de Abraham, Lot fue seleccionado para
sentarse como anciano a la puerta de Sodoma, pero esta posición llegó a
ser una maldición para su propia vida (Gn. 19:1).
La Puerta Principal -
Defensa De La Ciudad
Las puertas de una ciudad
amurallada eran usualmente hechas de madera y diversos metales (Ps.
107:16; Is. 45:2). Todas eran firmemente aseguradas de noche con fuertes
cerrojos (barras) de hierro o madera (1 Rey. 4:13; Neh. 3:13) para
proteger a sus habitantes, porque eran las únicas entradas o salidas de
la ciudad.
La puerta principal era la
más vulnerable de todas las puertas. Era cuidadosamente diseñada para
permitir la entrada de carruajes y carretas, pero suficientemente
estrecha para disuadir el paso de un regimento de soldados enemigos.
Esta también contaba con grandes torres a ambos lados, albergando
terrados o salas en la parte superior desde donde los atalayas vigilaban
día y noche (2 Sam. 18:24, 33).
Algunas puertas
principales eran construidas en forma de "z", como la de Damasco
descrita anteriormente. Esto obligaba a que un hombre a caballo
tuviera que reducir su velocidad mientras conducía a través de las
curvas del pasillo, haciéndolo más vulnerable a ataques de defensa en su
contra.
Otras puertas, también
comunes en esa época, permitían una entrada más directa a la ciudad. Sin
embargo, éstas contaban con cámaras escondidas a ambos lados del pasillo
desde las cuales los soldados en la primera línea de defensa pudieran
atacar a sus invasores. David esperó al ejército de Absalón en una de
estas cámaras (2 Sam. 18:24). Además, la mayoría de las puertas tenían
aperturas verticales u horizontales en los terrados sobre las puertas,
desde donde podían tirar líquidos caldeados, lanzas, flechas, piedras o
cualesquiera otros objetos agudos sobre su enemigo. El Señor prometió
fuerzas al que rechazara la batalla en la puerta (Is. 28:6).
La Puerta Significaba
Autoridad
En la Biblia, la puerta
era más que una simple entrada o salida de la ciudad. De manera
figurativa, representaba la autoridad y gloria de una ciudad (Is. 3:26;
Jer. 14:2). Como los flecos del borde de un manto representaban la
autoridad de un hombre (véase el Estudio de Israel titulado El Borde de
Su Manto), así también la puerta representaba la autoridad de una
ciudad, y era donde se sentaban sus ancianos y gobernantes. Las
Escrituras hacen referencia a las autoridades espirituales en términos
de "la puerta del cielo" (Gn. 28:17) y "las puertas del Hades" (Mt.
16:18).
La
frase "en tus ciudades" (Dt. 15:7; 31:12-13) aparece en el texto hebreo
realmente como "en tus puertas", y se refiere a estar bajo la autoridad
de los ancianos de la ciudad que presidían en las puertas. "Poseer las
puertas" era un concepto bíblico que significaba conquistar y tener
posesión de la ciudad (Gn. 22:17; 24:60). Sansón demostró este
significado muy literalmente. En esos días, Israel estaba bajo el
control de los filisteos, un pueblo muy cruel y lleno de odio. Sansón
descendió a Gaza, una ciudad filistea, en cuyas puertas le habían
tendido una trampa para matarlo. A medianoche, Sansón arrancó las
puertas de sitio, con sus pilares y cerrojos (símbolo de su autoridad),
y los cargó hasta la cumbre del monte frente a Hebrón, una ciudad
israelita. Este era un acto simbólico de triunfo para Israel y de
humillación para los filisteos (Jue. 16:2-3).
Dios ordenó a los
israelitas que establecieran jueces y oficiales en todas las entradas de
las ciudades para impartir juicio, asegurando así la justicia y
obediencia a las leyes de Dios (Dt. 16:18). Ellos habrían de proteger a
la ciudad y a su gente del mundo exterior. Los oficiales de las puertas
eran responsables de entrevistar a los extraños que entraban a la ciudad
para detectar si su presencia era peligrosa. No se permitía la entrada a
malhechores que pudieran engañar, robar o quebrantar las leyes de la
ciudad (Dt. 17:2-5).
Al norte del Valle de Hula,
en Israel, descubrieron los restos de una puerta principal de una ciudad
que había pertenecido a la tribu de Dan, llamada hoy día Tel Dan. Los
arqueólogos encontraron el asiento, plataforma parecida a un trono,
donde se sentaba el anciano principal de la ciudad, junto a otros
ancianos. En este asiento evaluaban y entrevistaban a los que
entraban a la ciudad, además de escuchar y juzgar las quejas de los
propios ciudadanos.
Las Puertas a Nuestros
Hogares y Nuestras Vidas
Usted se preguntará, "¿de
qué manera se relaciona ésto con mi propia vida?"
Actualmente, vivimos en
amplias ciudades libres de murallas. Contamos con un elaborado sistema
de jueces, alcaldes y ayuntamientos o consejos gubernamentales quienes
se sientan en cómodas oficinas, y no a las puertas de la ciudad. Sin
embargo, nuestros modernos sistemas legales en el Occidente han sido
basados en los mismos principios de Dios de tiempos bíblicos.
Es cierto que no podemos
controlar quiénes entran y salen de nuestra ciudad, pero sí podemos
mantener la autoridad sobre lo que entra y sale de nuestro propio hogar.
Dios ha puesto el control del hogar bajo nuestra autoridad, y la
protección de esta puerta es nuestra responsabilidad. En hebreo, la
palabra para "entrada" y "puerta" es la misma, sha-ar, y la
Biblia tiene mucho que decirnos en torno a mantener nuestro hogar
centrado en Dios.
Deuteronomio
11:18-21(a) nos dice, "Por
tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma,
y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre
vuestros ojos. Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas
cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te
acuestes, y cuando te levantes, y las escribirás en los postes de tu
casa, y en tus puertas; para que sean vuestros días, y los días de
vuestros hijos...numerosos sobre la tierra...".
Desde
los tiempos de Moisés, el pueblo judío literalmente ha escrito la
palabra de Dios en las puertas de sus casas: ésto es, en los marcos de
las puertas de la entrada de cada casa y de cada habitación. Escriben la
porción de Deuteronomio 6:4-9 y Deuteronomio 11:13-21 en un pequeño
pergamino o papel enrollado y lo ponen dentro de una mezuzá. Esta
puede hacerse de metal, piedra, madera o cerámica y se fija con clavos
en el marco derecho de la puerta. Por siglos, los judíos fieles han
tocado la mezuzá al entrar o salir de algún edificio, hogar o
habitación, lo cual les ayuda a mantenerse enfocados en Jehová, el Dios
a quienes sirven. Un suceso bíblico que pudiéramos relacionar con la
mezuzá es la Pascua. Moisés le ordenó al pueblo que cada familia
matara un cordero y que mojara con su sangre los dos postes y el dintel
de la puerta de su hogar. Cuando el ángel de la muerte pasara sobre la
casa, Jehová no le permitiría entrar para herir al hijo primogénito que
se encontraba dentro (Ex. 12:22-23). Los que obedecieron fueron librados
de la muerte.
Si atendiéramos de manera
sincera las cosas del Señor, tendríamos más cuidado de cómo actuábamos y
pensábamos. Tenemos la responsabilidad delante de Dios y ante nuestra
familia de guardar los preceptos de Dios y de "guardar las puertas" de
nuestro hogar, guardándolo de influencias que pudieran desviarlo de ser
un ambiente únicamente centrado en Dios (Dt. 17:2-5; 21:18-19). Dios
honrará el compromiso que hagamos con Él. El ser responsables de la
"puerta" de un hogar implica ser responsables por toda persona que entra
o sale a través de la puerta, y también por el modo en que esta persona
se comporta.
Deuteronomio
31:12-13 dice, "Harás congregar
al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren
en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro
Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley; y los hijos de
ellos que no supieron, oigan, y aprendan a temer a Jehová vuestro Dios
todos los días que viviereis sobre la tierra adonde vais, pasando el
Jordán, para tomar posesión de ella."
Algunos pudieran pensar
que mi esposa y yo somos anticuados, pero cuando nuestras hijas, Ashley
y Allison, traen amistades a nuestro hogar, esperamos que sus palabras y
sus acciones honren al Señor, aunque ellos no sean creyentes. Los
valores de Dios son respetados en nuestro hogar, y las amistades de
nuestras hijas pueden ver y conocer ésto cuando nos visitan.
He observado que
frecuentemente, aún en Jerusalén, los hijos y adolescentes de padres
cristianos son fácilmente influenciados por sus amistades no-creyentes
para hablar y actuar como ellos, y no lo contrario. A menudo, conlleva
la guianza amorosa de los padres para conducirlos en caminos que honren
a Dios.
"Guardar nuestra puerta"
también significa velar por qué cosas entran al hogar, ya sea por la
puerta delantera o trasera, como también por otros medios accesibles o
entradas vulnerables. Ésto incluye los medios de televisión, radio y
material impreso. De la misma manera en que los ancianos de una ciudad
tenían que evitar que personas o cosas indeseables entraran por la
puerta, por el bien de los ciudadanos, tenemos este cargo de autoridad
sobre el hogar. El profeta Isaías habló fuertemente a Israel sobre
prácticas pecaminosas que ocurrían dentro de los hogares (Is. 57:8).
¿Qué vemos en la
televisión, o qué escuchamos por la radio? ¿Qué revistas o libros leemos
en nuestro hogar? Vivimos en un mundo que se ha apartado muchísimo de
los valores bíblicos, y la influencia de las cosas del mundo sutilmente
nos inducen a abandonar estos valores, aún dentro de nuestro propio
hogar. Cedemos un poquito por acá, y nos amoldamos un poquito por allá
y, sin darnos cuenta, ya somos culpables de los mismos pecados de la
antigua Israel, la cual cayó en las cosas del mundo en rebeldía a los
preceptos bíblicos de Dios.
Esta desobediencia se
tradujo en términos desastrosos para Israel, y será también funesto para
nosotros. Ninguno es inmune ante la influencia del mundo, y debemos
vigilar constantemente la puerta de nuestro hogar. Ya sea anticuado o
no, es muy importante para mí esta actitud defensiva, en la que
glorifico a Dios en mi hogar y crío a mis hijas "en disciplina y
amonestación del Señor" (Ef. 6:4), ya que puedo ver la manera en que
Dios bendice este esfuerzo. Es la responsabilidad de todos los padres
hacer como dice Dios en Proverbios 22:6, "Instruye al niño en su
camino, y aún cuando fuere viejo no se apartará de él." Todo ésto
comienza en el hogar.
Finalmente, nuestra boca
expresa lo que abunda en el corazón. Nuestras palabras revelarán lo que
tenemos en el corazón, ya sea maldad o justicia que conduce a salvación
(Mat. 15:18; Luc. 6:45; Rom. 10:10). Nuestra boca es la "puerta" que
proclama lo que realmente existe en nuestras vidas. Por esta razón, el
salmista clama al Señor, "Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la
puerta de mis labios" (Sal. 141:3).
Dios espera que, con Su
ayuda, guardemos cada aspecto de nuestra vida que ha puesto bajo nuestra
autoridad.
Establezcamos Defensas
De la
misma manera en que los antiguos muros defendían a sus ciudadanos de los
enemigos que procuraban destruirlos, necesitamos velar por nuestro hogar
y guardar nuestros labios para el Señor.
Tal como las puertas eran
diseñadas para evitar ataques del exterior, así debiéramos prepararnos
en oración y esforzarnos en acción para proteger nuestra familia y
nuestras amistades que se encuentran "dentro de nuestras puertas".
Debemos establecer unos estándares y aferrarnos a ellos, para defender
nuestras familias de influencias ajenas a Dios y a Su Palabra.
Mateo utiliza la imagen de
una puerta para expresar cómo debe ser nuestra conducta. "Entrad por
la puerta estrecha; ... porque estrecha es la puerta, y angosto el
camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan" (Mat.
7:13-14).
¿Cómo hacemos ésto?
No estoy sugiriendo que
hagamos de nuestro hogar una fortaleza rodeada de muros, regida por una
figura legalista y dogmática, donde "su palabra es la ley". Hablo de
establecer un ambiente hogareño bíblico que imparta amor, gozo y
sabiduría de Dios al poner en práctica Sus principios y valores. Éste
será un hogar apartado para Dios, un "remanso de paz", que será anhelado
por todos los miembros de la familia y también por sus amistades.
Producirá frutos de justicia para Dios.
Cuando mi esposa, Pat, era
adolescente, trabajó cuidando niños en un hogar cristiano donde el amor
de Cristo era expresado diariamente. Ese contacto eventualmente la
condujo al Señor. Al momento presente, nuestras hijas todavía están en
desarrollo, y apreciamos esta época para delicadamente sembrar en sus
corazones los valores bíblicos. Sabemos que el tiempo de la prueba podrá
llegar más adelante, y agradeceríamos sus oraciones por nosotros.
Apoyémonos unos a otros en
maneras creativas para proteger las puertas de nuestros hogares y de
nuestros corazones. Podemos impartir bendición de Dios dentro de
nuestras puertas, en lugar de permitir que el mundo tome posesión a
través de la televisión, radio, "internet", revistas y personas que
visiten nuestro hogar.
Dios nos creó, y luego nos
dió Su Palabra, para que podamos ser conducidos por ella y que así
nuestras vidas sean más abundantes. Si logramos vivir así, y comprobamos
que Su Palabra es efectiva, entonces Dios podrá ser glorificado en
nosotros tal como lo debiera ser.
Los que hemos sido
recibidos en el Reino de Dios necesitamos vivir de manera recta y
agradecida delante del Señor. De esta manera, podemos venir ante Su
presencia, dentro de "Sus puertas", y ser llenos de gozo y alegría.
"Esta es puerta de Jehová;
por ella entrarán los justos"
(Sal. 118:20).
"Entrad por sus puertas
con acción de gracias, por sus atrios con alabanza. Alabadle, bendecid
su nombre"
(Sal.100:4).