¿Qué Hay en un Nombre?
Por: Clarence H. Wagner, Jr.
Dentro de la ciencia biológica,
cada especie perteneciente al reino animal tiene su propio nombre,
como el león, la cabra montés o el avestruz. Ést
o
también es cierto respecto a las aves, los peces, y aún
las plantas y los insectos.
Los nombres son muy importantes, razón
por la cual cada uno de nosotros también tenemos un nombre.
¿Cuál es su nombre? ¿Ricardo,
Raúl, Esteban, Jaime? ¿María, Ana, Diana, Claudia?
Los nombres encierran gran
significado. Parejas que esperan el nacimiento de su bebé escudriñan
minuciosamente libros tales como "10,000 Nombres para Bebés", el
cual sugiere miles de nombres y sus significados, además de miles de
maneras diferentes para escribirlos.
Hoy día, muchos
seleccionamos nombres para nuestros hijos en honor a alguien de
nuestra admiración, o sencillamente escogemos un nombre que suene
bien con nuestro apellido. Le prestamos menos atención al
significado del nombre en sí, a diferencia de nuestros antepasados.
A mi esposa y a mí nos
gusta mucho el nombre de nuestra hija, Ashley. Pero el significado
de Ashley proviene del antiguo inglés "campo del árbol de fresno",
lo cual carece de un significado muy profundo. Nuestra otra hija,
Allison, lleva el nombre de su abuelo. Sin embargo, su nombre
significa "verdadero", lo cual representa una virtud importante.
En la vida judía, aún la
moderna, la selección de un nombre para un bebé es un evento muy
importante. Los varones reciben su nombre a los ocho días de nacido
durante su ceremonia de circuncisión, y a las niñas se les da el
nombre durante su primera visita y lectura de la Torá en la sinagoga
luego de su nacimiento.
La Importancia de
los Nombres en la Biblia
En los antiguos tiempos
bíblicos, ponerle nombre a un niño era un evento mucho más
significativo de lo que es hoy día en nuestra cultura occidental.
Nuestros antepasados le prestaban mucho interés al significado de un
nombre, ya que expresaba una característica que se esperaba fuese a
tener el niño.
A veces un niño se llamaba
igual que un pariente favorito. Sin embargo, la mayoría de las veces
los padres seleccionaban nombres para sus hijos con palabras que
expresaran alabanzas a Dios o algún mensaje de fe. Por ejemplo,
Elías significa "Mi Dios es Adonai"; Isaías viene de "Dios es
salvación"; y Jonatán significaba "Dios ha regalado".
Otros personajes bíblicos
recibían nombres muy peculiares. Por ejemplo, Miriam significaba "gruesa,
espesa o fuerte". También les podían dar nombres de animales, por
ejemplo, Jonás, que quería decir "paloma", o Lea, que significaba "vaca
salvaje".
Isaías tenía gran
conciencia de la importancia de su llamado profético. Le puso
nombres proféticos a sus dos hijos para que, cuando fuesen
mencionados, una verdad profética fuese proclamada. A uno lo llamó
Maher-salal-hasbaz ("el despojo se apresura, la presa se precipita")
en referencia a la inminente destrucción de Damasco y Samaria a
manos del rey de Asiría (Is. 8:4). Su otro hijo se llamaba Sear-jasub
("un remanente volverá"), en referencia al anhelo que tenía Isaías
por el retorno de los israelitas a su tierra (Is.7:3).
Algunas personas y lugares
recibieron sus nombres en base a las circunstancias prevalecientes
del momento. Por ejemplo, Jacob llamó el lugar en que luchó con el
Señor, Peniel, porque dijo: "Vi a Dios cara a cara..." (Génesis. 32:30).
Peniel, en hebreo, literalmente significa, "el rostro de Dios". En
Belén, cuando Raquel fallecía al dar a luz su hijo, lo quiso llamar
Benoni ("Hijo de mi tristeza"), pero Jacob inmediatamente le cambió
el nombre a Benjamín ("Hijo de la mano derecha").
Nuestros antepasados nunca
utilizaban apellidos junto a su nombre propio o personal como lo
hacemos hoy día. Sin embargo, llegado el período del Nuevo
Testamento, vemos que la gente añadía palabras descriptivas a los
nombres para ayudar a identificar a la persona. Podrían describir:
1) de dónde eran; por ejemplo, José de Arimatea, Pablo de Tarso,
Jesús de Nazaret; 2) quién era su padre; por ejemplo, Simón bar (hijo
de) Jonás; 3) cuál era su profesión; por ejemplo, Simón el curtidor;
ó 4) cuál era su ideología; por ejemplo, Simón el Zelote.
En la Biblia, se mencionan
los nombres de diversas personas y lugares alrededor de 2,000 veces,
lo cual implica cuánta importancia le prestaban estos escritores a
un nombre.
Sin embargo, hay momentos
en la Biblia donde un nombre es simplemente un nombre, cuya mención
no aporta mayor significado al pasaje bíblico. Ejemplo de ésto es la
larga lista de nombres que aparece en Crónicas, o muchos de los
lugares mencionados en los libros de Josué y Jueces, excepto en casos
donde el contexto exige un comentario especial con respecto al
significado del nombre.
El
Que Otorga un Nombre Demuestra su Autoridad
Bíblicamente,
el otorgarle a alguien su nombre demostraba que tenía autoridad
sobre esa persona (Is. 43:1), mientras que el darle nombre a un objeto
o lugar implicaba su autoridad sobre esa cosa o lugar.
En el primer capítulo
de Génesis encontramos lo siguiente: "Y llamó
Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche"
(1:5); "Y llamó Dios a la expansión Cielos"
(1:8); "Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión
de las aguas llamó Mares." (1:10). Dios también
creó al hombre, y le puso nombre (1:26). Dios declaró
Su dominio sobre todas las cosas a las cuales le dio nombre: los
cielos, el tiempo (día y noche), la tierra, los mares, y
aún el hombre.
Por otro lado, Dios le dio dominio al hombre
sobre todas las criaturas de la tierra. Le pidió a Adán
que nombrase a cada uno de los animales, confiriéndole la
autoridad sobre las cosas que El había creado, para que estuviesen
bajo su cuidado.
"Jehová Dios formó, pues,
de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y
las trajo a Adán para que viese cómo las había
de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales
vivientes, ese es su nombre" (Génesis. 2:19).
Hay ocasiones en que Dios cambió el
nombre a personas en la Biblia por causa de un llamado especial;
por ejemplo, Dios cambió el nombre de Abram a Abraham (Génesis
17:5); de Sarai a Sara (Génesis 17:15); de Jacob a Israel (Génesis
32:28); de Simón a Pedro (Mar. 3:16), etc.
Apropiamos la Autoridad
de la Persona Cuando Utilizamos su Nombre
En la Biblia, cuando alguien le otorgaba
un nombre a otro, la persona que recibía el nuevo nombre
pasaba a ser propiedad del primero. Por ejemplo, cuando Dios cambió
el nombre de Jacob a Israel, pasó a ser propiedad de Dios
(Deut. 28:9-10). Tenemos también ejemplo de esto en
el Nuevo Testamento: cuando una persona es bautizada en el nombre
del Señor Jesucristo, éste pasa a ser propiedad de
Jesús (Mat. 28:19; Hechos 8:16; 1 Cor. 1:13, 15).
Por otro lado, el que adquiere autoridad
sobre una persona también tiene que cumplir una responsabilidad
hacia la misma. Por esta razón, la mayoría de las
mujeres en la sociedad norteamericana, cuando se casan, tienen la
costumbre de tomar el apellido de su esposo, lo cual denota su autoridad
sobre ella. A la misma vez, esto establece claramente la
responsabilidad que ha adquirido el esposo de cuidarla y de proveerle
a sus necesidades.
También, en tiempos bíblicos,
cuando una persona era enviada para hablar en nombre de otro, éste
llevaba consigo la autoridad de la persona quien lo enviaba (Jer.
11:21; 2 Cor. 5:20). Más aún, el que sale en una misión
"en nombre del Señor", recibe una bendición:
"Bendito el que viene en el nombre del Señor" (Jn.
12:13).
Además, "orar en el nombre del
Señor" significa invocar la autoridad de Dios y reclamar
Su compromiso por enviar la respuesta correspondiente: "Y todo
lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que
el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre,
yo lo haré" (Jn. 14:13-14).
A través de las Escrituras, vemos
personas usando "el nombre del Señor" para apropiarse
de Su poder y Su autoridad en cierta situación, ya sea que
necesite protección (Deut. 28:10; Sal. 116:4; Sal. 124:8;
Prov. 18:10), sanidad (Hechos 3:6; Sant. 5:14), u otro milagro (1
Reyes 18:24).
Cuando David se enfrentó a Goliat,
retó al gigante y su armadura con una fe sencilla en la autoridad
del Señor. "Entonces dijo David al filisteo: Tú
vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a
ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios
de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado"
(1 Sam. 17:45).
Personas también "invocaban el
nombre del Señor" en momentos de indecisión o
gran ansiedad buscando dirección o intervención divina.
"Estos confían en carros, y aquéllos en caballos;
mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos
memoria" (Sal. 20:7). Recibimos la salvación cuando
invocamos el nombre del Señor (Hech. 2:21; Rom. 10:13).
Hay Poder en un
Nombre
Hay poder en el nombre y la autoridad de
una persona, especialmente en el nombre de Dios. En lo natural,
todos hemos experimentado cuán fácilmente logramos
hacer algo si una persona con distinción apoya o endosa nuestro
proyecto y permite que utilicemos su nombre. Ese nombre representa
su autoridad, carácter y reputación. Las puertas,
que de otro modo permanecerían cerradas, nos son abiertas.
En Israel, ésto se llama proteksia.
Así funciona también el nombre
de Dios. Su nombre es tan grande, poderoso e infalible que, según
se registra en la Biblia, Dios juró por Su propio nombre
para recalcar que lo dicho por Su boca tendría garantía
absoluta (Jer. 44:26).
Sin embargo, era posible en el pasado, y
aún lo es en el presente, utilizar el nombre de Dios de manera
incorrecta. La Biblia advierte a sus lectores que no deben tomar
el nombre de Dios livianamente. "No tomarás el nombre
de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente
Jehová al que tomare su nombre en vano." (Éx.
20:7; Deut. 5:11). Tampoco debemos jurar falsamente en el nombre
de Dios, profanando así Su nombre (Lev. 19:12), ya que la
blasfemia acarrea la muerte (Lev. 24:16). Es posible que no sea
una muerte física, pero de seguro significa una muerte espiritual.
A pesar de que el nombre de Dios sea invocado
por razones egoístas, el poder y la autoridad de Su nombre
podrá completar la transacción. Sin embargo, la mala
utilización del nombre de Dios siempre acarrea serias repercusiones.
Mateo 7:22-23 señala claramente este
punto, "Muchos me dirán en aquel día: Señor,
Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre
echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?"
Aunque cosas increíbles fueron realizadas en el plano espiritual
al invocar el nombre de Dios, estas personas realmente no conocían
a Dios. El siguiente versículo aclara, "Y entonces les
declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí,
hacedores de maldad."
No le parezca ésto tan extraño.
En lo natural, es similar a cuando uno utiliza el nombre de otro
sin la debida autorización con fines de obtener alguna ventaja.
A corto plazo tal vez consiga lo que desea. Sin embargo, cuando
la persona descubre que su nombre ha sido utilizado, el violador
tendrá que pagar las consecuencias. El mandamiento con relación
a no tomar el nombre de Dios en vano literalmente significa "no
uses el nombre de Dios de manera ligera o superficial".
Los que invocamos el nombre del Señor
tenemos que tener mucho cuidado en la manera que lo representamos.
No se ponga una camiseta que diga "Soy cristiano" si no
lo honra en su manera de andar.
El Carácter
de la Persona se Denota en su Nombre
Además de conferir autoridad, el modo
hebreo de usar un nombre muy a menudo denota el carácter
de una persona o lugar.
El nombre de Jacob (suplantador, reemplazador)
llegó a ser sinónimo de una persona engañadora,
porque esta característica fue encontrada en la conducta
inicial de Jacob. Dios luego le cambió su nombre a Israel
(Gén. 32:28), lo cual significa "príncipe de
Dios" o "el que lucha con Dios", para representar
así su posterior llamado y carácter.
Cuando fue descubierto que Acán era
el culpable por introducir pecado al campamento de los israelitas
cerca de Jericó, fue tomado y llevado al Valle de Acor ("turbación")
donde lo apedrearon y le dieron muerte. Allí, Josué
le preguntó, "¿Por qué nos has turbado?"
El nombre de Acor atestigua de la "turbación" que
trajo Acán hasta el día de hoy (Josué 7:24-26).
En la Biblia vemos que existe una relación
muy íntima entre la persona y su nombre. El eliminar o borrar
el nombre de una persona es extinguir su identidad (Núm.
27:4; Deut. 7:24; Deut. 12:3; Jos. 7:9; Sal. 9:5). También,
cuando la Biblia habla de olvidarse del nombre de una persona, significa
que la relación entre ambos está quebrantada; por
ejemplo, el olvidarse del nombre de Dios es apartarse de Él
(Jer. 23:27).
El orar en el nombre del Señor significa
también orar de acuerdo con Su carácter. Lo que pedimos
y lo que esperamos debe ser consistente con la voluntad y la Palabra
de Dios.
Al mencionar su nombre, ¿qué
pensará la gente de usted? Generalmente, lo que les viene
a la mente es su carácter y su reputación, lo cual
asocian con su nombre. Por tal razón, Dios nos dice, "Mejor
es la buena fama [el buen nombre] que el buen ungüento"
(Ecl. 7:1)
Los
Nombres de Dios
Es bueno saber que
el uso de un nombre, según las costumbres hebraicas, demuestra
la autoridad y el carácter de la persona. Ahora entendemos
porqué Dios se dio a conocer con diferentes nombres dentro
de situaciones y momentos diferentes. Cada nombre expresaba una característica
especial del Señor que manifestaba en ese momento.
En las Escrituras
Hebreas (nuestro Antiguo Testamento), aparecen 16 nombres diferentes
que Dios usa para Sí mismo. También se usan 13 nombres
distintos para referirse al Espíritu Santo, y 117 nombres
para el Mesías.
Como cristianos, ciertamente nos interesa
el nombre hebreo de Jesús, que es Yeshúa. El ángel
Gabriel, mensajero del Señor, se apareció a José
y le dijo con respecto a María, "José, hijo de
David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en
ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará
a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús [Yeshúa],
porque él salvará a su pueblo de sus pecados"
(Mat. 1:20-21). Yeshúa significa "Dios Salva",
o "Salvador". Su título es Mesías (Mashiaj),
lo cual significa "El Ungido". El nombre y título
de Jesús en idioma hebreo, Yeshúa HaMashiaj, ha sido
traducido al griego, y luego al español, como "Jesucristo".
Sabemos, también, que una virgen concebiría
y daría a luz un hijo a quien llamarían Emanuel, que
traducido es "Dios con nosotros" (Is. 7:14). La referencia
a esta profecía mesiánica fue citada en los evangelios
con relación al nacimiento de Yeshúa (Mateo 1:23),
lo que es ciertamente una descripción de Su carácter
y Su rol.
Isaías también describe al
Mesías con varios nombres para señalar Su autoridad
y carácter, "Porque un niño nos es nacido, hijo
nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará
su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe
de Paz" (Is. 9:6).
Yeshúa nació en Belén
(Luc. 2:4), que traducido es, "Casa de Pan", y luego se
refirió a Sí mismo como "el Pan de Vida"
(Juan 6:35).
Los Nombres para
Israel
Dios escogió y le puso nombre a la
tierra de Israel cuando la tomó para Sí mismo (Lev.
25:23). Le dió esta tierra en pacto a Abraham, Isaac, Jacob
y a sus descendientes como posesión y heredad perpetua (Gén.
17:7-8).
Dios prometió que Su presencia estaría
continuamente en esta tierra, y reclamó a Jerusalén
como Su ciudad, de acuerdo con Sus propósitos eternos. Tomó
posesión de la ciudad cuando le dió nombre: "Asimismo
edificó altares en la casa de Jehová, de la cual Jehová
había dicho: Yo pondré mi nombre en Jerusalén"
(2 Reyes 21:4).
A través de los tiempos, muchas naciones
han tratado de quitarle a los judíos la tierra de Israel
por medio de conquistas, y han intentado cambiarle su nombre. Pero
finalmente, sus esfuerzos han perecido porque el pacto y la fidelidad
de Dios ha permanecido. Este asunto es de gran importancia, especialmente
a la luz del conflicto político que existe hoy día
en torno a los nombres de Palestina e Israel.
Veamos el nombre de Israel, ¡el cual
se encuentra en la Biblia 2,566 veces!
Antes de los primeros tiempos
narrados en la Biblia, no existía un nombre específico
que denotara la tierra de Israel. Los antiguos egipcios se referían
a ella en términos de Metenu y Hurru, enmarcando tanto a la
tierra de Israel como las áreas que la rodeaban. Desde la última
parte del siglo 14 hasta el siglo 12 a.C., se utilizaba el término
Kena'an, la tierra de "Canaán". El nombre Eretz Yisrael,
palabra hebrea para "Tierra de Israel", se usó por
primera vez en la Biblia cuando los israelitas fueron a conquistar
la tierra designada por Dios como herencia para todas las tribus de
Israel. Otro término que era reconocido en esos tiempos era
Eretz ha-Ivrim, "Tierra de los Hebreos". También
se le describía como la "Tierra Santa", la "Tierra
de Leche y Miel", y la "Tierra Prometida".
Cuando se dividió el
reino de David y Salomón durante el siglo 10 a.C., el nombre
de Yisrael (Israel) fue utilizado para designar el reino del norte,
mientras que el reino del sur, de la dinastía davídica,
fue conocido como Eretz Yehudá (Tierra de Judá), y
su capital era Jerusalén.
Durante el exilio asirio en Babilonia (siglo
8 a.C.), la mayoría de la población israelita se concentraba
en Eretz Yehudá. El término yehudí se convirtió
en sinónimo de toda persona israelita o hebrea, no importando
su procedencia, del cual sale nuestro término en español
"judío". Cuando regresó el remanente de
los judíos de Babilonia, Yehudá (Judá) llegó
a ser el nombre para el territorio autónomo en el que se
encontraba el establecimiento judío, como también
posteriormente durante el reinado jasmoneano y herodiano.
Israel No es Palestina
Los griegos le pusieron el nombre de Ioudaia
a la tierra de Israel, y los romanos la llamaron luego Judaea hasta
finalizada la segunda revuelta de los judíos contra los romanos,
o la revuelta de Bar-Kojba (entre 132 y 135 d.C.). Luego de la revuelta,
el emperador romano Adrián le cambió el nombre de
la tierra a Palaestina. Este nombre de Palaestina, de la que obtenemos
el nombre de "Palestina" en español, es un adjetivo
derivado de Filistea, el área que era habitada por los filisteos,
los peores enemigos de Israel.
Los romanos también le cambiaron el
nombre de Jerusalén a Aelia Capitolina en honor a la familia
del emperador Adrián; luego, sólo permitieron a los
judíos entrada a Jerusalén un día en el año
para que pudieran endechar la destrucción del Templo. Estos
nombres fueron intencionalmente escogidos por los romanos para erradicar
los nombres dados por Dios a Su tierra y a Su ciudad. Querían
eliminar todo indicio de que la tierra de Israel fuera dada por
Dios al pueblo judío en pacto eterno.
Según hemos aprendido en este estudio
sobre los nombres, el hecho de que los romanos hayan cambiado el
nombre a la tierra y al pueblo judío reflejaba su carácter
y dominio absoluto sobre aquella región. Además, el
haber utilizado el nombre de los antiguos enemigos de Israel sería
como restregar sal en las heridas causadas por su terrible derrota.
Es importante notar que a través de
todo el Nuevo Testamento, mientras se usaban los nombres de provincias
para identificar las regiones (por ejemplo: Galilea, Judea, Samaria)
el término utilizado para la tierra entera era Israel y no
Palestina. El nombre de Palestina no surgió hasta más
tarde, 100 años después de la muerte y resurrección
de Jesús, para humillar el pueblo judío. Sin embargo,
muy a menudo escuchamos que los cristianos se refieren a la tierra
en la que Jesús vivió como "Palestina".
El continuar utilizando el nombre de Palestina es como perpetuar
la negación de los pactos de Dios y Sus propósitos
para esta tierra.
Posteriormente, durante la era bizantina,
el término Palestina continuó siendo utilizado por
las naciones como el nombre aceptado para esta tierra, pero los
judíos en Israel y en la diáspora retuvieron el nombre
de Eretz Yisrael ("Tierra de Israel"), tanto como Ha-Aretz
("la Tierra"), términos que fueron arraigados permanentemente
en las conciencias del pueblo judío.
Los árabes, durante ese mismo tiempo,
consideraban que la tierra formaba parte de Siria, y no la veían
como una nación independiente. Hacían referencia sólo
a algunos pueblos específicos. Los cruzados utilizaron el
nombre de Palestina o el "Reino de Jerusalén".
El nombre de Palestina también fue utilizado por los británicos.
En la Declaración de Independencia
del 14 de mayo de 1948, se le dio el nombre de Medinat Yisrael ("Estado
de Israel") a la parte occidental ocupada mayormente por los
judíos. A la misma vez, la parte occidental habitada por
árabes pasó a manos del reinado de Jordania y se le
llamóel Márgen Occidental (West Bank). La franja suroeste
cayó bajo el mando militar de Egipto y se le llamó
la Franja de Gaza.
Hoy día, la Autoridad Palestina demanda
que estas tierras, las que bíblicamente fueron dadas a Israel
por ordenanza de Dios, les sean entregadas para establecer el estado
moderno de Palestina. Este hecho causa gran consternación
a los corazones de los que somos fieles a la Biblia, tanto judíos
como cristianos, porque conocemos que las tierras ya habían
sido divinamente otorgadas por Dios al pueblo y a la nación
de Israel.
¿Qué
Significado Tiene Ésto para Nosotros?
Ahora que tenemos mayor entendimiento en
cuanto al significado de los nombres según Dios, ¿qué
lecciones podemos aprender y aplicar a nuestras vidas?
Primero: Cuando lea nuevamente
la Biblia, preste cuidadosa atención al significado de los
nombres de las personas y los lugares mencionados, además
del carácter y la autoridad de esa persona, ya que ésto
le ayudará a entender mucho más acerca de la situación
que se está narrando.
Segundo: Si hemos aceptado
el llamado de Dios para entrar a Su Reino, tenemos que tener mucho
cuidado en la manera que representamos al Señor. Cuando la
gente menciona nuestro nombre, ¿qué pensará?
Generalmente lo que asocian a nuestro nombre es nuestro carácter
y nuestra reputación. Nuestras vidas también cuentan
una historia y tenemos que asegurar que éstas honren el nombre
del Señor. Nos dice 2 Tim. 2:19: "...Conoce el Señor
a los que son suyos; y apártese de iniquidad todo aquel que
invoca el nombre de Cristo [del Mesías]". Nuestras vidas
deben ser irreprensibles de tal manera que ni en palabra ni en hecho
profanemos el "nombre del Señor".
Tercero: Tenemos que tener
mucho cuidado acerca de las cosas que decimos de otros. Es muy ofensivo
e hiriente cuando le ponemos nombres despectivos a personas. Podemos
bendecir o maldecir sus vidas dependiendo de cómo les hablamos
o qué etiqueta les ponemos. Todos tenemos nuestras faltas,
como también así nuestras virtudes. Necesitamos descubrir
las virtudes de otros y nombrar esos aspectos cuando
hablamos con ellos y con los demás, para que así su
carácter sea fortalecido. Siempre que nos sea posible, debemos
hablar de manera positiva acerca de los demás, evitando ponerles
nombres despectivos como tan a menudo escuchamos decir: estúpido,
maceta o duro, tonto, idiota, bruto, retardo, cuatro-ojos, dientes
de hacha, monstruo, etc. Tales nombres degradan el carácter
de la persona, particularmente si hacen referencia a su personalidad
o apariencia.
La Biblia muy claramente señala lo
siguiente, "...y cualquiera que diga: Necio, a su hermano,
será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga:
Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego" (Mateo
5:22). Necio (raca, en arameo) es un sobrenombre despectivo que
significa "cabeza de aire" o "cabeza-hueca".
Cuarto: Nuestro andar con
el Señor en santidad nos otorga el privilegio de que nuestros
nombres se hallen inscritos en el libro de la vida del Cordero (Apoc.
21:27). Imagínese, Dios conoce nuestro nombre, lo cual significa
que también conoce nuestro carácter. Por cuanto todos
somos pecadores salvos por la gracia de Dios, también somos
bautizados "en el nombre del Señor". Dios nos redime
de la autoridad y del carácter de este mundo para conformarnos
a Su propia autoridad y carácter.
Ésto nos debe traer gran consuelo. Ciertamente pertenecemos
al Señor, y nos ha dado un nombre, el cual está grabado
en Su Libro de la Vida. "...No temas, porque yo te redimí;
te puse nombre, mío eres tú" (Is. 43:1).
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Por tal razón, digamos así el uno del otro: "Bendito
el que viene en el Nombre del Señor".
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