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¿Qué Hay en un Nombre?

Por: Clarence H. Wagner, Jr.

Dentro de la ciencia biológica, cada especie perteneciente al reino animal tiene su propio nombre, como el león, la cabra montés o el avestruz. Ésto también es cierto respecto a las aves, los peces, y aún las plantas y los insectos.

Los nombres son muy importantes, razón por la cual cada uno de nosotros también tenemos un nombre.

¿Cuál es su nombre? ¿Ricardo, Raúl, Esteban, Jaime? ¿María, Ana, Diana, Claudia?

Los nombres encierran gran significado. Parejas que esperan el nacimiento de su bebé escudriñan minuciosamente libros tales como "10,000 Nombres para Bebés", el cual sugiere miles de nombres y sus significados, además de miles de maneras diferentes para escribirlos.

Hoy día, muchos seleccionamos nombres para nuestros hijos en honor a alguien de nuestra admiración, o sencillamente escogemos un nombre que suene bien con nuestro apellido. Le prestamos menos atención al significado del nombre en sí, a diferencia de nuestros antepasados.

A mi esposa y a mí nos gusta mucho el nombre de nuestra hija, Ashley. Pero el significado de Ashley proviene del antiguo inglés "campo del árbol de fresno", lo cual carece de un significado muy profundo. Nuestra otra hija, Allison, lleva el nombre de su abuelo. Sin embargo, su nombre significa "verdadero", lo cual representa una virtud importante.

En la vida judía, aún la moderna, la selección de un nombre para un bebé es un evento muy importante. Los varones reciben su nombre a los ocho días de nacido durante su ceremonia de circuncisión, y a las niñas se les da el nombre durante su primera visita y lectura de la Torá en la sinagoga luego de su nacimiento.

La Importancia de los Nombres en la Biblia

En los antiguos tiempos bíblicos, ponerle nombre a un niño era un evento mucho más significativo de lo que es hoy día en nuestra cultura occidental. Nuestros antepasados le prestaban mucho interés al significado de un nombre, ya que expresaba una característica que se esperaba fuese a tener el niño.

A veces un niño se llamaba igual que un pariente favorito. Sin embargo, la mayoría de las veces los padres seleccionaban nombres para sus hijos con palabras que expresaran alabanzas a Dios o algún mensaje de fe. Por ejemplo, Elías significa "Mi Dios es Adonai"; Isaías viene de "Dios es salvación"; y Jonatán significaba "Dios ha regalado".

Otros personajes bíblicos recibían nombres muy peculiares. Por ejemplo, Miriam significaba "gruesa, espesa o fuerte". También les podían dar nombres de animales, por ejemplo, Jonás, que quería decir "paloma", o Lea, que significaba "vaca salvaje".

Isaías tenía gran conciencia de la importancia de su llamado profético. Le puso nombres proféticos a sus dos hijos para que, cuando fuesen mencionados, una verdad profética fuese proclamada. A uno lo llamó Maher-salal-hasbaz ("el despojo se apresura, la presa se precipita") en referencia a la inminente destrucción de Damasco y Samaria a manos del rey de Asiría (Is. 8:4). Su otro hijo se llamaba Sear-jasub ("un remanente volverá"), en referencia al anhelo que tenía Isaías por el retorno de los israelitas a su tierra (Is.7:3).

Algunas personas y lugares recibieron sus nombres en base a las circunstancias prevalecientes del momento. Por ejemplo, Jacob llamó el lugar en que luchó con el Señor, Peniel, porque dijo: "Vi a Dios cara a cara..." (Génesis. 32:30). Peniel, en hebreo, literalmente significa, "el rostro de Dios". En Belén, cuando Raquel fallecía al dar a luz su hijo, lo quiso llamar Benoni ("Hijo de mi tristeza"), pero Jacob inmediatamente le cambió el nombre a Benjamín ("Hijo de la mano derecha").

Nuestros antepasados nunca utilizaban apellidos junto a su nombre propio o personal como lo hacemos hoy día. Sin embargo, llegado el período del Nuevo Testamento, vemos que la gente añadía palabras descriptivas a los nombres para ayudar a identificar a la persona. Podrían describir: 1) de dónde eran; por ejemplo, José de Arimatea, Pablo de Tarso, Jesús de Nazaret; 2) quién era su padre; por ejemplo, Simón bar (hijo de) Jonás; 3) cuál era su profesión; por ejemplo, Simón el curtidor; ó 4) cuál era su ideología; por ejemplo, Simón el Zelote.

En la Biblia, se mencionan los nombres de diversas personas y lugares alrededor de 2,000 veces, lo cual implica cuánta importancia le prestaban estos escritores a un nombre.

Sin embargo, hay momentos en la Biblia donde un nombre es simplemente un nombre, cuya mención no aporta mayor significado al pasaje bíblico. Ejemplo de ésto es la larga lista de nombres que aparece en Crónicas, o muchos de los lugares mencionados en los libros de Josué y Jueces, excepto en casos donde el contexto exige un comentario especial con respecto al significado del nombre.

El Que Otorga un Nombre Demuestra su Autoridad

Bíblicamente, el otorgarle a alguien su nombre demostraba que tenía autoridad sobre esa persona (Is. 43:1), mientras que el darle nombre a un objeto o lugar implicaba su autoridad sobre esa cosa o lugar.

En el primer capítulo de Génesis encontramos lo siguiente: "Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche" (1:5); "Y llamó Dios a la expansión Cielos" (1:8); "Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares." (1:10). Dios también creó al hombre, y le puso nombre (1:26). Dios declaró Su dominio sobre todas las cosas a las cuales le dio nombre: los cielos, el tiempo (día y noche), la tierra, los mares, y aún el hombre.

Por otro lado, Dios le dio dominio al hombre sobre todas las criaturas de la tierra. Le pidió a Adán que nombrase a cada uno de los animales, confiriéndole la autoridad sobre las cosas que El había creado, para que estuviesen bajo su cuidado.

"Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre" (Génesis. 2:19).

Hay ocasiones en que Dios cambió el nombre a personas en la Biblia por causa de un llamado especial; por ejemplo, Dios cambió el nombre de Abram a Abraham (Génesis 17:5); de Sarai a Sara (Génesis 17:15); de Jacob a Israel (Génesis 32:28); de Simón a Pedro (Mar. 3:16), etc.

Apropiamos la Autoridad de la Persona Cuando Utilizamos su Nombre

En la Biblia, cuando alguien le otorgaba un nombre a otro, la persona que recibía el nuevo nombre pasaba a ser propiedad del primero. Por ejemplo, cuando Dios cambió el nombre de Jacob a Israel, pasó a ser propiedad de Dios (Deut. 28:9-10). Tenemos también ejemplo de esto en el Nuevo Testamento: cuando una persona es bautizada en el nombre del Señor Jesucristo, éste pasa a ser propiedad de Jesús (Mat. 28:19; Hechos 8:16; 1 Cor. 1:13, 15).

Por otro lado, el que adquiere autoridad sobre una persona también tiene que cumplir una responsabilidad hacia la misma. Por esta razón, la mayoría de las mujeres en la sociedad norteamericana, cuando se casan, tienen la costumbre de tomar el apellido de su esposo, lo cual denota su autoridad sobre ella. A la misma vez, esto establece claramente la responsabilidad que ha adquirido el esposo de cuidarla y de proveerle a sus necesidades.

También, en tiempos bíblicos, cuando una persona era enviada para hablar en nombre de otro, éste llevaba consigo la autoridad de la persona quien lo enviaba (Jer. 11:21; 2 Cor. 5:20). Más aún, el que sale en una misión "en nombre del Señor", recibe una bendición: "Bendito el que viene en el nombre del Señor" (Jn. 12:13).

Además, "orar en el nombre del Señor" significa invocar la autoridad de Dios y reclamar Su compromiso por enviar la respuesta correspondiente: "Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré" (Jn. 14:13-14).

A través de las Escrituras, vemos personas usando "el nombre del Señor" para apropiarse de Su poder y Su autoridad en cierta situación, ya sea que necesite protección (Deut. 28:10; Sal. 116:4; Sal. 124:8; Prov. 18:10), sanidad (Hechos 3:6; Sant. 5:14), u otro milagro (1 Reyes 18:24).

Cuando David se enfrentó a Goliat, retó al gigante y su armadura con una fe sencilla en la autoridad del Señor. "Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado" (1 Sam. 17:45).

Personas también "invocaban el nombre del Señor" en momentos de indecisión o gran ansiedad buscando dirección o intervención divina. "Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria" (Sal. 20:7). Recibimos la salvación cuando invocamos el nombre del Señor (Hech. 2:21; Rom. 10:13).

Hay Poder en un Nombre

Hay poder en el nombre y la autoridad de una persona, especialmente en el nombre de Dios. En lo natural, todos hemos experimentado cuán fácilmente logramos hacer algo si una persona con distinción apoya o endosa nuestro proyecto y permite que utilicemos su nombre. Ese nombre representa su autoridad, carácter y reputación. Las puertas, que de otro modo permanecerían cerradas, nos son abiertas. En Israel, ésto se llama proteksia.

Así funciona también el nombre de Dios. Su nombre es tan grande, poderoso e infalible que, según se registra en la Biblia, Dios juró por Su propio nombre para recalcar que lo dicho por Su boca tendría garantía absoluta (Jer. 44:26).

Sin embargo, era posible en el pasado, y aún lo es en el presente, utilizar el nombre de Dios de manera incorrecta. La Biblia advierte a sus lectores que no deben tomar el nombre de Dios livianamente. "No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano." (Éx. 20:7; Deut. 5:11). Tampoco debemos jurar falsamente en el nombre de Dios, profanando así Su nombre (Lev. 19:12), ya que la blasfemia acarrea la muerte (Lev. 24:16). Es posible que no sea una muerte física, pero de seguro significa una muerte espiritual.

A pesar de que el nombre de Dios sea invocado por razones egoístas, el poder y la autoridad de Su nombre podrá completar la transacción. Sin embargo, la mala utilización del nombre de Dios siempre acarrea serias repercusiones.

Mateo 7:22-23 señala claramente este punto, "Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?" Aunque cosas increíbles fueron realizadas en el plano espiritual al invocar el nombre de Dios, estas personas realmente no conocían a Dios. El siguiente versículo aclara, "Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad."

No le parezca ésto tan extraño. En lo natural, es similar a cuando uno utiliza el nombre de otro sin la debida autorización con fines de obtener alguna ventaja. A corto plazo tal vez consiga lo que desea. Sin embargo, cuando la persona descubre que su nombre ha sido utilizado, el violador tendrá que pagar las consecuencias. El mandamiento con relación a no tomar el nombre de Dios en vano literalmente significa "no uses el nombre de Dios de manera ligera o superficial".

Los que invocamos el nombre del Señor tenemos que tener mucho cuidado en la manera que lo representamos. No se ponga una camiseta que diga "Soy cristiano" si no lo honra en su manera de andar.

El Carácter de la Persona se Denota en su Nombre

Además de conferir autoridad, el modo hebreo de usar un nombre muy a menudo denota el carácter de una persona o lugar.

El nombre de Jacob (suplantador, reemplazador) llegó a ser sinónimo de una persona engañadora, porque esta característica fue encontrada en la conducta inicial de Jacob. Dios luego le cambió su nombre a Israel (Gén. 32:28), lo cual significa "príncipe de Dios" o "el que lucha con Dios", para representar así su posterior llamado y carácter.

Cuando fue descubierto que Acán era el culpable por introducir pecado al campamento de los israelitas cerca de Jericó, fue tomado y llevado al Valle de Acor ("turbación") donde lo apedrearon y le dieron muerte. Allí, Josué le preguntó, "¿Por qué nos has turbado?" El nombre de Acor atestigua de la "turbación" que trajo Acán hasta el día de hoy (Josué 7:24-26).

En la Biblia vemos que existe una relación muy íntima entre la persona y su nombre. El eliminar o borrar el nombre de una persona es extinguir su identidad (Núm. 27:4; Deut. 7:24; Deut. 12:3; Jos. 7:9; Sal. 9:5). También, cuando la Biblia habla de olvidarse del nombre de una persona, significa que la relación entre ambos está quebrantada; por ejemplo, el olvidarse del nombre de Dios es apartarse de Él (Jer. 23:27).

El orar en el nombre del Señor significa también orar de acuerdo con Su carácter. Lo que pedimos y lo que esperamos debe ser consistente con la voluntad y la Palabra de Dios.

Al mencionar su nombre, ¿qué pensará la gente de usted? Generalmente, lo que les viene a la mente es su carácter y su reputación, lo cual asocian con su nombre. Por tal razón, Dios nos dice, "Mejor es la buena fama [el buen nombre] que el buen ungüento" (Ecl. 7:1)

Los Nombres de Dios

Es bueno saber que el uso de un nombre, según las costumbres hebraicas, demuestra la autoridad y el carácter de la persona. Ahora entendemos porqué Dios se dio a conocer con diferentes nombres dentro de situaciones y momentos diferentes. Cada nombre expresaba una característica especial del Señor que manifestaba en ese momento.

En las Escrituras Hebreas (nuestro Antiguo Testamento), aparecen 16 nombres diferentes que Dios usa para Sí mismo. También se usan 13 nombres distintos para referirse al Espíritu Santo, y 117 nombres para el Mesías.

Como cristianos, ciertamente nos interesa el nombre hebreo de Jesús, que es Yeshúa. El ángel Gabriel, mensajero del Señor, se apareció a José y le dijo con respecto a María, "José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús [Yeshúa], porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mat. 1:20-21). Yeshúa significa "Dios Salva", o "Salvador". Su título es Mesías (Mashiaj), lo cual significa "El Ungido". El nombre y título de Jesús en idioma hebreo, Yeshúa HaMashiaj, ha sido traducido al griego, y luego al español, como "Jesucristo".

Sabemos, también, que una virgen concebiría y daría a luz un hijo a quien llamarían Emanuel, que traducido es "Dios con nosotros" (Is. 7:14). La referencia a esta profecía mesiánica fue citada en los evangelios con relación al nacimiento de Yeshúa (Mateo 1:23), lo que es ciertamente una descripción de Su carácter y Su rol.

Isaías también describe al Mesías con varios nombres para señalar Su autoridad y carácter, "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz" (Is. 9:6).

Yeshúa nació en Belén (Luc. 2:4), que traducido es, "Casa de Pan", y luego se refirió a Sí mismo como "el Pan de Vida" (Juan 6:35).

Los Nombres para Israel

Dios escogió y le puso nombre a la tierra de Israel cuando la tomó para Sí mismo (Lev. 25:23). Le dió esta tierra en pacto a Abraham, Isaac, Jacob y a sus descendientes como posesión y heredad perpetua (Gén. 17:7-8).

Dios prometió que Su presencia estaría continuamente en esta tierra, y reclamó a Jerusalén como Su ciudad, de acuerdo con Sus propósitos eternos. Tomó posesión de la ciudad cuando le dió nombre: "Asimismo edificó altares en la casa de Jehová, de la cual Jehová había dicho: Yo pondré mi nombre en Jerusalén" (2 Reyes 21:4).

A través de los tiempos, muchas naciones han tratado de quitarle a los judíos la tierra de Israel por medio de conquistas, y han intentado cambiarle su nombre. Pero finalmente, sus esfuerzos han perecido porque el pacto y la fidelidad de Dios ha permanecido. Este asunto es de gran importancia, especialmente a la luz del conflicto político que existe hoy día en torno a los nombres de Palestina e Israel.

Veamos el nombre de Israel, ¡el cual se encuentra en la Biblia 2,566 veces!

Antes de los primeros tiempos narrados en la Biblia, no existía un nombre específico que denotara la tierra de Israel. Los antiguos egipcios se referían a ella en términos de Metenu y Hurru, enmarcando tanto a la tierra de Israel como las áreas que la rodeaban. Desde la última parte del siglo 14 hasta el siglo 12 a.C., se utilizaba el término Kena'an, la tierra de "Canaán". El nombre Eretz Yisrael, palabra hebrea para "Tierra de Israel", se usó por primera vez en la Biblia cuando los israelitas fueron a conquistar la tierra designada por Dios como herencia para todas las tribus de Israel. Otro término que era reconocido en esos tiempos era Eretz ha-Ivrim, "Tierra de los Hebreos". También se le describía como la "Tierra Santa", la "Tierra de Leche y Miel", y la "Tierra Prometida".

Cuando se dividió el reino de David y Salomón durante el siglo 10 a.C., el nombre de Yisrael (Israel) fue utilizado para designar el reino del norte, mientras que el reino del sur, de la dinastía davídica, fue conocido como Eretz Yehudá (Tierra de Judá), y su capital era Jerusalén.

Durante el exilio asirio en Babilonia (siglo 8 a.C.), la mayoría de la población israelita se concentraba en Eretz Yehudá. El término yehudí se convirtió en sinónimo de toda persona israelita o hebrea, no importando su procedencia, del cual sale nuestro término en español "judío". Cuando regresó el remanente de los judíos de Babilonia, Yehudá (Judá) llegó a ser el nombre para el territorio autónomo en el que se encontraba el establecimiento judío, como también posteriormente durante el reinado jasmoneano y herodiano.

Israel No es Palestina

Los griegos le pusieron el nombre de Ioudaia a la tierra de Israel, y los romanos la llamaron luego Judaea hasta finalizada la segunda revuelta de los judíos contra los romanos, o la revuelta de Bar-Kojba (entre 132 y 135 d.C.). Luego de la revuelta, el emperador romano Adrián le cambió el nombre de la tierra a Palaestina. Este nombre de Palaestina, de la que obtenemos el nombre de "Palestina" en español, es un adjetivo derivado de Filistea, el área que era habitada por los filisteos, los peores enemigos de Israel.

Los romanos también le cambiaron el nombre de Jerusalén a Aelia Capitolina en honor a la familia del emperador Adrián; luego, sólo permitieron a los judíos entrada a Jerusalén un día en el año para que pudieran endechar la destrucción del Templo. Estos nombres fueron intencionalmente escogidos por los romanos para erradicar los nombres dados por Dios a Su tierra y a Su ciudad. Querían eliminar todo indicio de que la tierra de Israel fuera dada por Dios al pueblo judío en pacto eterno.

Según hemos aprendido en este estudio sobre los nombres, el hecho de que los romanos hayan cambiado el nombre a la tierra y al pueblo judío reflejaba su carácter y dominio absoluto sobre aquella región. Además, el haber utilizado el nombre de los antiguos enemigos de Israel sería como restregar sal en las heridas causadas por su terrible derrota.

Es importante notar que a través de todo el Nuevo Testamento, mientras se usaban los nombres de provincias para identificar las regiones (por ejemplo: Galilea, Judea, Samaria) el término utilizado para la tierra entera era Israel y no Palestina. El nombre de Palestina no surgió hasta más tarde, 100 años después de la muerte y resurrección de Jesús, para humillar el pueblo judío. Sin embargo, muy a menudo escuchamos que los cristianos se refieren a la tierra en la que Jesús vivió como "Palestina". El continuar utilizando el nombre de Palestina es como perpetuar la negación de los pactos de Dios y Sus propósitos para esta tierra.

Posteriormente, durante la era bizantina, el término Palestina continuó siendo utilizado por las naciones como el nombre aceptado para esta tierra, pero los judíos en Israel y en la diáspora retuvieron el nombre de Eretz Yisrael ("Tierra de Israel"), tanto como Ha-Aretz ("la Tierra"), términos que fueron arraigados permanentemente en las conciencias del pueblo judío.

Los árabes, durante ese mismo tiempo, consideraban que la tierra formaba parte de Siria, y no la veían como una nación independiente. Hacían referencia sólo a algunos pueblos específicos. Los cruzados utilizaron el nombre de Palestina o el "Reino de Jerusalén". El nombre de Palestina también fue utilizado por los británicos.

En la Declaración de Independencia del 14 de mayo de 1948, se le dio el nombre de Medinat Yisrael ("Estado de Israel") a la parte occidental ocupada mayormente por los judíos. A la misma vez, la parte occidental habitada por árabes pasó a manos del reinado de Jordania y se le llamóel Márgen Occidental (West Bank). La franja suroeste cayó bajo el mando militar de Egipto y se le llamó la Franja de Gaza.

Hoy día, la Autoridad Palestina demanda que estas tierras, las que bíblicamente fueron dadas a Israel por ordenanza de Dios, les sean entregadas para establecer el estado moderno de Palestina. Este hecho causa gran consternación a los corazones de los que somos fieles a la Biblia, tanto judíos como cristianos, porque conocemos que las tierras ya habían sido divinamente otorgadas por Dios al pueblo y a la nación de Israel.

¿Qué Significado Tiene Ésto para Nosotros?

Ahora que tenemos mayor entendimiento en cuanto al significado de los nombres según Dios, ¿qué lecciones podemos aprender y aplicar a nuestras vidas?

Primero: Cuando lea nuevamente la Biblia, preste cuidadosa atención al significado de los nombres de las personas y los lugares mencionados, además del carácter y la autoridad de esa persona, ya que ésto le ayudará a entender mucho más acerca de la situación que se está narrando.

Segundo: Si hemos aceptado el llamado de Dios para entrar a Su Reino, tenemos que tener mucho cuidado en la manera que representamos al Señor. Cuando la gente menciona nuestro nombre, ¿qué pensará? Generalmente lo que asocian a nuestro nombre es nuestro carácter y nuestra reputación. Nuestras vidas también cuentan una historia y tenemos que asegurar que éstas honren el nombre del Señor. Nos dice 2 Tim. 2:19: "...Conoce el Señor a los que son suyos; y apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo [del Mesías]". Nuestras vidas deben ser irreprensibles de tal manera que ni en palabra ni en hecho profanemos el "nombre del Señor".

Tercero: Tenemos que tener mucho cuidado acerca de las cosas que decimos de otros. Es muy ofensivo e hiriente cuando le ponemos nombres despectivos a personas. Podemos bendecir o maldecir sus vidas dependiendo de cómo les hablamos o qué etiqueta les ponemos. Todos tenemos nuestras faltas, como también así nuestras virtudes. Necesitamos descubrir las virtudes de otros y nombrar esos aspectos cuando hablamos con ellos y con los demás, para que así su carácter sea fortalecido. Siempre que nos sea posible, debemos hablar de manera positiva acerca de los demás, evitando ponerles nombres despectivos como tan a menudo escuchamos decir: estúpido, maceta o duro, tonto, idiota, bruto, retardo, cuatro-ojos, dientes de hacha, monstruo, etc. Tales nombres degradan el carácter de la persona, particularmente si hacen referencia a su personalidad o apariencia.

La Biblia muy claramente señala lo siguiente, "...y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego" (Mateo 5:22). Necio (raca, en arameo) es un sobrenombre despectivo que significa "cabeza de aire" o "cabeza-hueca".

Cuarto: Nuestro andar con el Señor en santidad nos otorga el privilegio de que nuestros nombres se hallen inscritos en el libro de la vida del Cordero (Apoc. 21:27). Imagínese, Dios conoce nuestro nombre, lo cual significa que también conoce nuestro carácter. Por cuanto todos somos pecadores salvos por la gracia de Dios, también somos bautizados "en el nombre del Señor". Dios nos redime de la autoridad y del carácter de este mundo para conformarnos a Su propia autoridad y carácter.
Ésto nos debe traer gran consuelo. Ciertamente pertenecemos al Señor, y nos ha dado un nombre, el cual está grabado en Su Libro de la Vida. "...No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú" (Is. 43:1).

Por tal razón, digamos así el uno del otro: "Bendito el que viene en el Nombre del Señor".


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