Chávez ha invitado a “misioneros” chiitas de Irán para convertir a los Guajiros y demás indígenas de la amazonia. Toda la tribu Wayuu se ha vuelto musulmana, las mujeres se ponen el velo y los hombres practican tiro con fusiles Kalashnikov. Algunos se hacen fotografiar con el cinturón suicida cargado de bombas y el gobierno venezolano difunde las imágenes, publicitando su avenencia con Ahmadineyad y los grupos terroristas del Medio Oriente.
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¿Pakistaníes? ¿Afganos? No: indígenas venezolanos
Por José Brechner
Antes de Osama Bin Laden, el terrorista más conocido
era el venezolano Ilich Ramírez Sánchez, apodado
“Carlos El Chacal”, que fue capturado en 1994 y
guarda prisión perpetua en la cárcel de Clair – vaux
al noreste de Francia, desde donde mantiene
esporádica correspondencia con Hugo Chávez, quien se
refiere al reo asesino como un “distinguido
compatriota” y lo llamó su “amigo” en una
conferencia de la OPEP en Caracas.
Carlos trabajó para Muammar Gadafi de Libia, Saddam
Hussein de Irak, Hafiz al-Asad de Siria, Fidel
Castro, George Habash del FPLP, las Brigadas Rojas
italianas, el Movimiento M-19 de Colombia, la
Baader-Meinholf alemana, y todos los socialistas y
comunistas que le ofrecían dinero. El nombre Ilich
no es casual, su padre era un millonario líder del
Partido Comunista de Venezuela, que puso a sus tres
hijos los nombres de sus héroes: Vladimir, Ilich y
Lenin. Carlos se unió de niño al partido, recibió
instrucción terrorista en Cuba y partió a Jordania
donde se hizo miembro del grupo islámico Frente
Popular para la Liberación de Palestina.
Seguidamente, se movía libremente por el Medio
Oriente con pasaportes otorgados por los gobiernos
de la región.
Carlos en prisión asumió el Islam como religión, de
igual manera que están haciéndolo otros comunistas,
no porque creen en Alá, sino que se sienten
hermanados con los musulmanes en su odio a los
Estados Unidos. Aristóteles dijo: “La maldad une a
los hombres”. En una entrevista reciente, El Chacal
se rió sin remordimientos cuando fue cuestionado por
sus asesinatos, y criticó a Al Qaida diciendo:”No
son profesionales. No están organizados. Ni siquiera
saben hacer explosivos o detonantes correctamente”.
Al preguntársele ¿cuántos mató? Contestó “No pude
contar, menos de 100 en todo caso”. La policía
francesa constató el asesinato de 83 personas. ¿Y
qué logró con eso? “Nuestro ejemplo ha sido seguido
no sólo por los comunistas sino hasta por los
yihadistas”.
En un escenario más cercano y peligroso, que
igualmente tiene como punto de partida a Venezuela,
Hezbolá de Latinoamérica, también conocido como
Hezbolá Venezuela, convierte al Islam a cuanto
indígena chavista puede, porque son los que menos
entienden lo que pasa. Los misioneros evangelistas
han desaparecido de la selva ya que según Chávez son
espías y genocidas. Las mismas palabras que repite
su mimo Evo Morales en Bolivia.
Chávez ha invitado a “misioneros” chiitas de Irán
para convertir a los Guajiros y demás indígenas de
la amazonia. Toda la tribu Wayuu se ha vuelto
musulmana, las mujeres se ponen el velo y los
hombres practican tiro con fusiles Kalashnikov.
Algunos se hacen fotografiar con el cinturón suicida
cargado de bombas y el gobierno venezolano difunde
las imágenes, publicitando su avenencia con
Ahmadineyad y los grupos terroristas del Medio
Oriente.
Hezbolá Venezuela hace referencia a José
Miguel Rojas Espinosa --que fue autor del ataque
terrorista contra la embajada estadounidense en
Caracas-- como “el primer mujaheddin, que es un
ejemplo de fuerza y dignidad por la causa de Alá, el
primer prisionero de guerra del Movimiento Islámico
Revolucionario en Venezuela”. El grupo está ligado
al terrorista-socialista argentino Norberto Rafael
Ceresole, que se cree vinculado al atentado contra
la AMIA y actúa de ideólogo del Socialismo del Siglo
XXI para los regímenes de Chávez y Morales.
En Bolivia --el país más autóctono de Sudamérica--
la conversión al Islam no comenzó aún visiblemente,
pero es parte importante del complot
izquierdista-islamista que apunta hacia la conquista
de América, imponiendo el totalitarismo bajo el
látigo de Morales, con Chávez y Ahmadinejad de
jefes. La conversión de los quechuas y aimaras no va
a ser tan rápida ni fácil como la de las tribus
venezolanas, porque la población indígena boliviana
suma millones, pero la meta de los musulmanes es
precisamente esa: convertir a millones.
Fuente:
noticierodigital.





